Juan Pablo, un idealista incómodo, 11

Juan Pablo, un idealista incómodo, 11

Miguel Febles

Pensar libremente sobre Juan Pablo Duarte es una tarea compleja. Esta nota ha sido relegada en dos ocasiones por el temor de estar siguiendo en cada uno de esos intentos el pensamiento de otros.

De todo lo escrito tal vez lo conveniente sea el diario de la hermana, Rosa Duarte, y a continuación atenerse al criterio propio, porque no todo lo que se lee sobre el soberanista intransigente sale del corazón; parece fruto de las cabezas recogido con el instrumental de Baltasar Gracián.

El pensamiento más radical de Duarte es el de la libertad. Intuyó, sin duda, que el pueblo dominicano constituía nación; incoherente, pero nación, al fin y al cabo. Esa nación tenía un país, ese territorio le había sido arrebatado; vivía sin patria.

La anexión del país de los dominicanos por parte de Boyer había sido un hecho político y la manera de deshacerlo era con otro hecho político —el 27 de febrero es ese hecho—.

Para completar su realización social la nación tenía que recuperar el territorio y fundar un Estado que le permitiera el diálogo político internacional entre iguales y la confrontación, si esta era necesaria, apoyada en los instrumentos de la política internacional. Ese Estado era, en la cabeza del prócer, soberano y republicano.

¿Era esta concepción de la nación, de la patria y del contrato social fruto de la educación de Duarte? Era autodidacta. Si contaba con algún método para el pensamiento lo había encontrado en la masonería, una institución ajena a la tradición española, llegada al país con la Era de Francia y naturalizada en la Era de Boyer. La Revolución Francesa era su luz.

La organización, el instrumental simbólico y de procedimiento utilizados por Duarte para completar una liberación que era entonces parte de su universo intuitivo, tiene su fuente en el simbolismo masónico. Sus limitados contactos con la política internacional en su viaje por Estados Unidos y Europa, pudieron ser sintetizados un día con este instrumental.

No quiere esto decir que era masón para los días de su viaje, con no más de 19 años si lo hizo en 1832, como sugiere Roberto Cassá en algunos de sus escritos duartianos.
Estuvo ausente del país en momentos clave de la vida nacional, ¿por qué? Acaso quería preservarse.

Su actuación a partir del 8 de marzo, cuando empezó a enfrentar el Plan Levausser y su comedimiento en la conferencia con Santana en Baní, lo muestran inteligente, su laborantismo en el Cibao lo revela osado, pero una vez desterrado no volvió al país hasta 1864. Vino a una guerra, no era un cobarde, pero fue incapaz de ceder un palmo estratégico.

El poder ena sociedad hecha de hateros y de pequeña burguesía agraria dejó en el aire a un comerciante de la capital cuando esta era una burbujita urbana sin mayor importancia.
Los enemigos de Núñez de Cáceres habían sido oportunistas prohaitianos. Los de Duarte entreguistas de corazón.



Miguel Febles

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