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José María Hernández Espaillat

Lo primero fue su bonhomía. Con decir que fue un hombre bueno, en el mejor sentido de la palabra, debería bastar para reverentemente rendirle un merecido homenaje de recordación en esta triste hora de su partida.

Pero José María Hernández Espaillat fue mucho más que eso: amigo transparente y leal, ser humano sincero, ciudadano ejemplar, familiar amoroso.

Su paso por la vida pública y privada deja una estela de afectos imborrables y de ejemplos dignos de admiración, orgullo de sus padres, su esposa Sonia Guzmán, y sus hijos, a quienes, en unión de su madre política doña Renée Klang de Guzmán y demás familiares y relacionados, EL DÍA hace llegar por este medio sus más sentidas condolencias y muestras de solidaridad.

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