Johnny Ventura, una trayectoria vivida por pocos artistas dominicanos

Johnny Ventura, una trayectoria musical vivida por pocos artistas dominicanos

Johnny Ventura, una trayectoria musical vivida por pocos artistas dominicanos

Johnny Ventura junto a su esposa Josefina en 1973

SANTO DOMINGO.- Johnny Ventura. Con ese nombre artístico nació el más singular de los merengueros dominicanos; y con él se hizo grande.

Su reinado tuvo varias décadas y cientos de temas grabados durante una refulgente y dilatada carrera artística.

Según relata el libro Merengueros, apenas su madre, Virginia Soriano, mientras estuvo entre los mortales, le llamaba Juan de Dios, hasta que el nombre de bautizo quedó sepultado con la primera salva de aplausos que escuchó en reconocimiento de su talento y la sensualidad y armonía de compás que impone a su baile.

Un artista innovador desde el primer día que subió al escenario. A través del tiempo, el público y los cronistas de arte lo han bautizado como “El rey del merengue”, “El Negrito del Sabor”, “Sabroso”, “El Caballo Mayor”, “El Negro que bota miel por los poros”, “El Negrito del Batey” y “Papá del merengue”

La trayectoria de Johnny Ventura, a través de los años, representando el país en escenarios internacionales, lo convirtió en un símbolo patrio, ya que su nombre es la representación más alta del merengue.

Grabó tantos temas como fiestas tocadas durante su larga carrera artística. Y su discografía es la más extensa de los artistas dominicanos.

Muchos de sus discos grabados se han perdido con el tiempo y quien le ponga un número a la cantidad de temas que Johnny ha grabado estaría condenado al error.

No hay un dato exacto, porque en cualquier álbum de un artista nacional o extranjero hay temas de él, así como en discos de colección realizados por instituciones, disqueras y figuras que le proponen colaborar en duetos. Hay colecciones de música grabadas por instituciones gubernamentales, ligadas al turismo, a la cultura y el folclore, donde podría encontrarse un merengue de “El Caballo”. De ahí que por esa situación “Merenguero hasta la tambora”, le cae muy bien.

Johnny Ventura ha estampado su voz en más de 850 merengues, tres decenas de salsas, una veintena de boleros y baladas, así como reguetón, perico ripiao y dembow, por lo que, entre todos los géneros, su producción podría pasar de las mil grabaciones.

En el ámbito del espectáculo también cuentan sus trabajos como compositor y arreglista de más de 100 de sus propios éxitos desde el inicio de su carrera, lo que ha pasado desapercibido debido a que su figura como cantante ha opacado sus dotes de músico y autor de letras, tanto para su propia orquesta, así como para otros artistas, que han grabado sus composiciones.

Su Niñez

Los primeros años de su niñez, entre 1940 y 1953, Juan de Dios Ventura Soriano los vivió en Santo Domingo, La Vega y Montecristi. Sus padres, Martín Ventura y Virginia Soriano, se divorciaron y su madre se vio en la obligación de luchar sola para salir adelante con los dos niños: Johnny y su hermano Federico.

Su padre era miembro del Ejército Nacional y como militar tenía que trasladarse a diferentes provincias del país donde era designado. En 1944 lo trasladaron a La Vega. En esa época Martín Ventura se sacó el premio de la Lotería Nacional y se compró una casa en esa ciudad.

Al poco tiempo de mudarse en La Vega, Martín Ventura fue trasladado al “Batey Madre” en la provincia de Montecristi, donde se mudó con todo y familia. Al siguiente año, sus padres se divorciaron, cuando Johnny apenas cumplía los cinco años de edad. En el “Batey Madre”, Ventura asistió a la escuela por primera vez.

La señora Soriano regresó con su hijo a La Vega, a la casa que le había comprado su ex esposo Martín. Debido a la precaria situación económica por la que atravesaban las cosas no resultaron de lo mejor para la familia.

Virginia Soriano tuvo que hipotecar la casa que le compró Martín Ventura en la calle Padre Billini número 61, entre la Federico García Godoy y Las Carreras, en La Vega, para invertir el dinero en una pequeña fábrica de chocolates.

Al poco tiempo, esa pequeña empresa quebró y se quedó ganándose la vida en diversos oficios para no perder la casa. “Estas circunstancias nos obligaban a sufrir las adversidades y estragos del divorcio, aunque por mi corta edad no podía distinguir el porqué de las dificultades en que vivíamos”.

La abuela materna, Tomasina Soriano (Pina), ayudó a su nieto con la escuela. En su condición de empleada doméstica del señor Manuel Acevedo, dueño del colegio Juan Pablo Duarte, logró que favoreciera a Johnny Ventura con una beca.

En el colegio había una banda musical de la que el jovencito Johnny formó parte. Allí aprendió a tocar redoblante y el manejo de la batuta. Luego pasó a ser director de la banda y empezó a montar su repertorio con merengues de la época.

“No sé cómo ocurrió, pero cuando entré a la banda de música del colegio empecé a tocar redoblante y al poco tiempo pasé al frente como batutero. Ya como director del conjunto se me ocurrió tocar merengue de la época a ritmo de marchas militares tradicionales. Esas innovaciones fueron premiadas con estruendosas ovaciones del público”, recordó Ventura.

Virginia Soriano vendió la casa y con el dinero que recibió pagó la hipoteca y quedó una buena suma, la cual invirtió en la compra de otra vivienda. De manera que el niño Ventura, ya con 10 años de edad, se mudó con su madre y el hermano menor a La Ciénaga, uno de los sectores más populosos de aquella ciudad.

En La Ciénaga hizo buenas amistades, pues era un barrio de gente pobre, pero de buen corazón y alto sentido de hospitalidad y lo acogieron como a uno de los suyos. Allí conoció a Lino García y Sandino Capellán, quienes se convirtieron en sus mejores amigos.

La precaria situación económica de la familia lo llevó a trabajar. Era un niño, pero consiguió colocarse en la fábrica de mosaicos Sánchez, en La Vega, para de esa manera ayudar a su madre a cubrir los gastos del hogar, pero a pesar de ello nunca dejó la escuela.



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Fausto Polanco

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