Viernes, 19 de julio, 2019 | 10:09 am

Jesús: senda de la equidad



A propósito de la desigualdad social, tendemos a pensar que la única esperanza para la equidad son los cambios legales, sociales y culturales.

Sin embargo, hay una responsabilidad personal en la lucha contra este mal. Más allá de las limitadas estructuras, la acción para la equidad, a nivel humano, tiene un referente que ilumina y orienta el camino: Jesús.

La vida de Jesús fue un testimonio en defensa del trato justo. Su opción por los pobres y su concepción sobre los niños, las niñas, las mujeres y los pobres y marginados es el paradigma para la construcción de una sociedad equitativa.

Para Jesús, los niños son los primeros, son sus predilectos. Nos invita a acogerlos no sólo para cuidarlos y protegerlos de vulnerabilidad, sino para que recordemos que debemos vivir en la bondad y la inocencia de ellos.
Jesús da ejemplo de equidad de género.

Él promueve la participación de las mujeres al considerarlas discípulas y propulsoras de su mensaje. También reconoce, exalta y valora a la mujer, independientemente de su condición de extranjera, prostituta, enferma, viuda o maltratada.

Jesús dignifica a la mujer de forma tal que la propone como madre espiritual de la humanidad: “Mujer he ahí a tu hijo, hijo, he ahí a tu madre” (Juan 19:27).

En las mujeres encuentra Jesús la sensibilidad y el compromiso con la paz como base de una comunidad basada en la hermandad existencial.

En su relación con los pobres, Jesús enseña que la pobreza no es un pecado o una maldición, sino que es consecuencia del egoísmo y la codicia como nos lo muestra la parábola del rico Epulón y el mendigo Lázaro.

El rico insaciable que no comparte ni las migas de pan, interpela a los que con su falta de solidaridad y responsabilidad social, son cómplices hoy del hambre y de miserias humanas que se curan cerrando las abismales brechas entre ricos y pobres que reproducen la inequidad.

La insensibilidad y la falta de compasión generan y perpetúan la pobreza. El que quiera ser bienaventurado en este mundo, ser feliz y ganarse el cielo tiene que compartir su pan con el hermano, obrar justicia y tener misericordia.

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