Jarabacoa requiere fomentar ofertas complementarias - El Día Director 3.0

Jarabacoa requiere fomentar ofertas complementarias

Jarabacoa requiere fomentar ofertas complementarias

JOSE P. MONEGRO

El confinamiento por la pandemia del Covid-19 y las presiones de estar conectado al internet casi de manera permanente por un teletrabajo que nos mantiene ocupado casi de manera permanente, hace que cada momento de distracción sea atesorado al máximo.

El fin de semana acudí, para sembrar al menos un árbol, a la jornada de reforestación de la cuenca alta de los ríos Ozama e Isabela invitado por Orlando Jorge Mera, ministro de Medioambiente.

Aproveché que ya había salido de la ciudad para pasarme unas cuantas horas en Jarabacoa, una de las ciudades que me fascinan por su clima, montaña y calidez de su gente.

Con una población que oscila en los 80 mil habitantes y una población flotante que pudiera oscilar en los 40 mil cada semana, Jarabacoa requiere de un manejo urbano y turístico estratégico para aprovechar al máximo su potencial y que disponga de ofertas complementarias adecuadas.

La mayor amenaza que enfrenta ese hermoso municipio es la arrabalización de su ciudad por lo que requiere de autoridades municipales con visión de desarrollo, sensibilidad urbanística y que promuevan la inversión formal.

En mi visita fui enterado de una litis en la que está envuelta un amigo (revelo el lazo por respeto a mis lectores) que está convirtiendo en antiguo bar en un restaurante familiar para promover la artesanía de Jarabacoa y especializarse en platos en base cerdo. Se han levantado dos vistosas esculturas de cerdos que desde ya son un atractivo para los transeúntes que se detienen a tomarse fotos.

Lo que debiera ser una transformación promovida por las autoridades municipales,ha tenido que irse abriendo camino en contra de la corriente, como si detrás se movieran otras intenciones distintas al interés de la población.

Jarabacoa está llamado a fomentar ofertas complementarias al turismo de villas y que se promuevan las fuentes de empleos formales y que sus autoridades municipales, hoy controladas por un partido que prometió un cambio, no se aferre a las viejas prácticas que llevaron al descrédito a las salas capitulares y a los síndicos de muchos municipios.

Con mucha frecuencia encontramos en las autoridades municipales la principal retranca a las inversiones sanas en sus territorios pues pesa más el querer sacar algún beneficio no transparente, que el bienestar que se pueda llevar a la población.

Las grandes empresas telefónicas pueden dar testimonio de lo aquí planteado.

La gente de Jarabacoa, históricamente tan orgullosas de su municipio, no pueden permitirse caer en esas malas prácticas.



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José P. Monegro

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