Invertir en el maestro

El Gobierno, ¿tiene la voluntad política de crear riquezas? Si la respuesta es positiva tiene que crear más conocimiento como base previa y fundamental para pasar a un primer estadio del desarrollo.

En tal sentido, el proceso de construcción de escuelas, por sí solo, con planes de asistencialismo alimenticio, con reparto de mochilas, uniformes, zapatos y utilería escolar incluida, no revoluciona nada.

Y no constituye una revolución porque queda fuera y pendiente, constantemente postergada, la inversión en los que inciden en el desarrollo del conocimiento: los maestros.

Tenemos un ejército de maestros educados en el siglo pasado enseñando a su vez niños y niñas que nacieron y serán ciudadanos plenos en este siglo XXI.

La falta de conocimiento hace que los ciudadanos se mantengan de espalda al desarrollo, baja la capacidad de respuesta y merma el potencial humano para sustentar una infraestructura de competitividad.

En otras palabras, a menor capacidad de conocimiento mayor dependencia de las viejas estructuras económicas, con una masa laboral sin caminos o peldaños para subir a un estadio de mejores y mayores oportunidades productivas y de acumulo de riqueza que impulse la solidez económica del Estado e incida en el tan anhelado ahorro interno.

En la escuela, todavía al Gobierno le falta por hacer lo que nunca se ha hecho: invertir en planes y capacitación a gran escala en los maestros para que aprendan a enseñar mejor.

En este proceso todo se asocia y encadena. En el desempleo y los salarios de miseria tenemos una fábrica de factores económicos y sociales que frenan de manera sistémica cualquier plan de desarrollo a corto, mediano y largo plazo.

Invertir más recursos en planes y capacitación para los maestros es una asignatura pendiente.