Inversión Extranjera Directa (IED) y su participación creciente en la economía dominicana
Una de las notas más sobresaliente de la economía dominicana en los últimos tiempos, es la que se refiere al renglón de la inversión extranjera directa (IED). En efecto, habla de la confianza de los inversionistas extranjeros en la estabilidad macroeconómica que hemos disfrutado por años, del progreso de la seguridad jurídica, y de la paz social que se respira a lo largo y ancho de la república.
Veamos su evolución desde una década atrás para entender este fenómeno de crucial importancia para el crecimiento y fortaleza institucional, económica y social de gran impacto en variables tales como el empleo local, la tecnología que se trae desde el exterior, los técnicos internacionales, la infraestructura, los aportes en divisas entre otros.
En 2016, la Oficina Nacional de Estadística (ONE) reportó en USD 2,406.7 en 2017, USD 3,570.7, 2018, USD 2,535,3 (bajó), en 2019 USD 3,021.0, 2020, USD 2,559.6, (afectada por el COVID a nivel mundial), en 2022 USD 4,098.8, en 2023 USD 4,390.2 reporta una tendencia creciente, en 2024 USD 4,523.2
En 2025 el BCRD reportó US$5,032.3 millones al cierre de 2025, aumentando US$509.1 millones (11.3 %).
Los inversores extranjeros se sienten motivado a obtener ganancias en este país, invirtiendo en empresas básicamente de turismo, energía, bienes raíces, zonas francas y minería, “impulsada por la estabilidad económica y políticas favorables”. A veces optan por la participación accionaria de empresas como la cervecería o el ron dominicano de alta calidad y demanda en los mercados interno y externo.
La intención es clara, obtener ganancias de larga duración esperando que dicha inversión participe e influya de manera sustancial en los mercados con buena gestión a largo plazo. Muchas veces se basan en ventajas de costos, la de los aranceles (muy de moda como sanción) las comerciales, tales como la ventaja de cercanía geográfica a mercados de gran demanda, son todos factores para maximizar utilidades mediante la IED.
Una inversión directa vertical (IEDV) es aquella en la cual la empresa produce componentes que formarán parte de un producto más complejo como por ejemplo un fabricante de automóviles decide hacer una planta para hacer motores que luego envía a una planta para su montaje final. Este modelo de inversión representa la mayor parte de inversión entre las economías desarrolladas en las economías en desarrollo.
Otro caso, es el de una empresa que invierte en un país extranjero duplicando los procesos de fabricación realizados en el país de origen como, por ejemplo, proveer bienes y servicios a un mercado externo. Esto se denomina inversión directa horizontal (IEDH). Los países afectados por aranceles u otras barreras a las importaciones, las empresas extranjeras sortean tales barreras estableciendo allí sus operaciones locales.
Como se observa, la inversión extranjera directa adopta diversas características y formas. Una empresa puede entrar en un mercado como el local mediante la inversión directa en proyectos nuevos mejor conocida como “greenfield” y proveer fondos para construir una nueva fábrica, planta de distribución como presencia en el país receptor. Otras opciones lo constituyen la inversión directa en emprendimientos existentes llamados “brownfield” e invertir en una empresa local ya establecida (Helados Bon) o asumir su control en lugar de establecer una nueva. Esto lógicamente implica adquirir sus instalaciones, proveedores y operaciones y con frecuencia la marca misma.
Dentro de los efectos locales, se encuentran que al establecerse empresas extranjeras deben sujetarse a las leyes tributarias locales y que a menudo elevan significativamente los ingresos tributarios del país (sucede con la Barrick Gold cuyos aportes son considerables dado los niveles del precio del oro en los últimos tiempos). Mejora a balanza de pagos del país por demás.
El aumento del empleo, mejora la productividad, la transferencia de tecnología y conocimientos, contribuye al crecimiento económico en general como por ejemplo Claro telefónica de capital mexicano. El incremento del volumen de las empresas que pertenecen a la producción de bienes y la variabilidad de los productos y servicios en la economía determinan una mejora general de la calidad y el tamaño del mercado.
En muchos casos, la IED que proviene de empresas de servicios como la de los hoteles obliga a mayor competencia que pueden forzar al cierre de las locales menos calificadas.
Por esa situación al mejorar la calidad de las extranjeras existe el riesgo de producir cierre de instalaciones y el despido de trabajadores por eso se habla de que una IED de mayor grado potencial de poder e influencia política se vuelve problemática cuando la empresa extranjera obtiene un control significativo sobre un sector de la economía o se convierte en un empleador crucial o el más grande del mercado.
Las economías en desarrollo como la nuestra buscan más atraer la inversión que trae nueva producción y más puestos de trabajo (zonas francas de exportación). Los gobiernos crean zonas económicas especiales y proveen el terreno para la construcción de instalaciones ofreciendo incentivos especiales para atraer e capital (exoneraciones de maquinarias y equipos propios, tiempo libre de gravámenes etc.)
Según el FMI “el 63% de la inversión extranjera directa (IED) tiene lugar entre las economías avanzadas, y el 20 % entre las economías avanzadas y de mercados emergentes (incluidos países de bajos ingresos). Un 6% se registra entre economías de mercados emergentes y un 11% va desde economías de mercados emergentes a las avanzadas”.
