La dirección de Control de Expendio de Bebidas Alcohólicas, una dependencia del Ministerio de Interior y Policía informó que ha cerrado recientemente y de manera provisional más de 700 establecimientos de este tipo.
Es una suma notable, particularmente porque ha sido acumulada en los primeros seis meses del año.
La causa predominante en el cierre es la violación del horario de expendio, con 571 casos, equivalentes al 76.7 % del total. Y le siguió el cierre por ruidos excesivos o contaminación sónica, con 101 clausuras, para un 13.6 %.
De acuerdo con la información entregada por la referida dependencia del Ministerio de Interior, hubo algunas otras causas para la clausura provisional de negocios, pero estas dos fueron preponderantes.
Quienes se dedican a la venta de bebidas alcohólicas en establecimientos especializados tienen hasta la media noche para la realización de su comercio, pero quieren más.
Cuando en un vecindario se le ocurre a alguien la celebración de un cumpleaños y el festejo se extiende hasta la media noche, el entorno lo soporta, así sea de mal talante, porque en definitiva es el alboroto de un día en el año.
Si se trata de un “negocio” con una rutina diaria de música alta, jolgorio, vehículos en las aceras y en las entradas de marquesinas, el vecindario no tiene descanso.
Acercarse por cuenta propia y tratar de que los operadores y sus clientes comprendan las necesidades de descanso de la gente común es una tarea peligrosa para la que nadie, ni persona ni junta de vecinos, estará nunca bien preparada y asegurada.
La única posibilidad de enfrentar con probabilidades de éxito este desatino es recurriendo a las autoridades.
Este es un punto en el que la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, ha sido intransigente desde que fue nombrada en el cargo. La gente necesita, y merece, el descanso en su hogar.
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