Innovar para servir mejor

Innovar

*Por Samuel Pereyra

Para comenzar, quiero agradecer la oportunidad de compartir estas reflexiones en este espacio, así como a los lectores por interesarse en un tema que a veces se discute muy poco, pero que sin duda define el rumbo de los países: la buena gerencia pública como camino hacia el desarrollo.

Durante mucho tiempo se instaló la idea de que la eficiencia y la innovación pertenecen sólo al mundo privado, mientras el sector público administra con lentitud y excesiva burocracia. Contra esa idea hemos luchado quienes creemos que el Estado sí puede ser sinónimo de eficiencia cuando se trabaja bajo un liderazgo con disciplina y visión.

Samuel Pereyra

La idea fundamental no es privatizar lo público, sino profesionalizar la gestión para optimizarla en beneficio de los ciudadanos. Y profesionalizar implica adoptar metodologías probadas, con metas claras, indicadores verificables y una cultura de resultados que premie el desempeño y corrija a tiempo lo que no funciona.

Para hacer realidad esa idea de un Estado eficiente, eficaz y efectivo, gracias a la confianza que nos ha dado el presidente Luis Abinader, hemos concentrado nuestro trabajo en impulsar tres cambios fundamentales.

El primer cambio es cultural. La gerencia privada tiene una orientación fundamental hacia el cumplimiento de resultados medibles y concretos. Ese principio debe servir de insumo para la gestión pública, ya que es la base más sólida para trabajar con foco en los beneficios finales de cualquier acción. Por eso, planteamos la idea de que innovar significa, muchas veces, modificar el orden para hacer más énfasis en las metas concretas que se identifican como imprescindibles y alinear los equipos, presupuestos y tiempos para alcanzarlas.

El segundo cambio es técnico. Hay que hacer énfasis en los indicadores y datos, porque no hay transformación si no podemos medirla. Los indicadores son un sistema de navegación que nos permite detectar cuellos de botella, anticipar riesgos, evaluar productividad y comparar avances. En una institución pública, medir bien ayuda a tomar decisiones correctas y a rendir cuentas de manera más transparente.

El tercer cambio es operativo. En todo el mundo, hemos sido testigos de cómo la digitalización puede acortar tiempos y mejorar la experiencia del usuario en una infinidad de ámbitos. Procesos que requerían largas filas y muchos papeles pueden resolverse con servicios digitales, de forma más sencilla y rápida. Esto ayuda a mejorar la reputación institucional, ya que la confianza de los ciudadanos aumenta al recibir un mejor servicio.

Esa lógica, traducida en expansión cultural, rigurosidad técnica y eficiencia digital, es la que puede garantizar un futuro mejor para nuestro país. La gestión pública de República Dominicana debe regirse por la seguridad, el cumplimiento de metas y la visión de largo plazo. El futuro de nuestros hijos no admite improvisaciones; la buena gerencia tampoco.

Los servidores públicos tenemos el deber de liderar con el ejemplo para elevar los estándares de la Administración pública. Eso exige valores compartidos que prioricen la responsabilidad y la honestidad, traduciendo la visión estratégica de cada institución en metas concretas con disciplina presupuestaria, capacidad operativa, planificación ejecutiva y resultados.

Todo eso se debe impulsar a la vez que se construye una relación humana y cercana entre los equipos de colaboradores y servidores públicos que trabajan a diario con la mejor disposición y empeño.

La experiencia que he acumulado durante estos años como servidor público me reafirma que modernizar el Estado es una necesidad constante. Los países que avanzan son los que logran que sus instituciones funcionen con integridad y eficiencia permanentemente. El desafío está claro y el camino también. Un Estado con un servicio público con altos estándares de calidad y satisfacción es una garantía de progreso hacia un destino también mucho mejor.