Inmigración haitiana en el país
El problema del haitiano que reside de manera ilegal en nuestro país es un problema social de grandes repercusiones económicas.
Hacernos indiferentes; creer que se debe a un problema histórico o político; creer que el tema de la inmigración masiva y constante se va a resolver solo, es un dislate. Casi dos millones de huéspedes permanentes, siendo una gran parte improductiva, no es poca cosa.
No es tema para que vengan potencias extranjeras, carentes de memoria histórica, a predicarnos ni exigirnos lo que ellos mismos no son capaces de hacer.
Los haitianos necesitan trabajo y están dispuestos a realizar ese trabajo más barato que el dominicano. Y debido a ese desplazamiento, que se produce cuando un trabajador foráneo (haitiano) sustituye al criollo, se producen tensiones y problemas laborales de gran impacto.
Adicionalmente, las condiciones paupérrimas de vida entre muchos haitianos nos llevan al deprimente espectáculo de ver sus connacionales comercializando su propia miseria, evidenciado por la distribución en la penumbra de las madrugadas de manadas de harapientas madres con sus indefensos e inocentes hijos en cada esquina y rincón del centro de las ciudades.
Ese impacto negativo se evidencia en actos de violencia, resentimiento al desplazamiento de mano de obra, provocando un ambiente de hostilidades y recriminaciones.
Este problema requiere solución, y esa solución está en la creación de riqueza de aquel lado de la frontera, proceso que requiere décadas de inversión sostenida en el manejo de aguas, fomento de la agricultura, integración de redes energéticas y de comunicación, y educación, en un ambiente de disciplina y sentido de justicia.
Los pasos recién dados por la Comisión Bi-Nacional Domínico-Haitiana son un gran logro que van en el camino correcto. No nos perdamos creyendo lo contrario.
Mientras, la indiferencia, negligencia y desidia castigan al país.
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