Infamia y compasión
República Dominicana ha sido calumniada, difamada, desacreditada y abusada injustamente por unos sectores que no ocultan su deseo de que el país cargue en sus hombros con los problemas de Haití.
Ni siquiera la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha podido resolver los complejos y múltiples problemas sociales y políticos de un Haití gobernado por una élite irresponsable.
La ONU está buscando la fórmula para salir de Haití luego de varios años con su Minustah, la cual no ha sido garantía ni siquiera de que se puedan realizar elecciones en ese país.
Las potencias, con el concurso del propio Haití y de naciones del Caribe que repelen la migración haitiana, han desatado una especie de asedio contra República Dominicana para que se doblegue ante sus intenciones de que esta nación cargue con decenas de miles de haitianos.
El despiadado ataque contra el país y las numerosas mentiras han unificado a los dominicanos en torno a la defensa nacional.
Sin embargo, ese ardor no puede confundir el direccionamiento.
Los inmigrantes ilegales haitianos son simples instrumentos de la política irresponsable del gobierno haitiano, de los organismos internacionales y de sus titiriteras potencias.
En toda circunstancia hay que mirar al inmigrante con compasión, aunque la ley debe ser cumplida.
