Indigentes sub humanos
Muchos enfermos mentales deambulan por las calles de Santo Domingo sin que ninguna institución del Estado se ocupe de ellos. Resulta deprimente observar ancianos, mujeres y hombres, en ocasiones totalmente desnudos, comiendo desperdicios en basureros o tomando agua en las cunetas.
Desde que el paradigma neoliberal cobró impulso, en la postrimería del siglo XX, áreas cada vez más extensas de la esfera pública, que eran administradas y gestionadas por órganos del Estado, fueron cedidas a instituciones privadas, o abandonados al cuidado de los propios individuos. Ese el caso de los manicomios y otras instituciones sociales de solidaridad con los más vulnerables.
La muerte del Estado social, la renuncia del Estado a la idea de racionalizar la marcha general de los acontecimientos, está directamente relacionada con la creciente vulnerabilidad humana. El individualismo, la destrucción de los vínculos humanos y de la solidaridad entre las personas se han constituido en el correlato de un modelo de globalización que pone en peligro la existencia de una parte importante de los habitantes del planeta, privados de acceso a derechos esenciales como son la alimentación, la vivienda, la salud, la seguridad, etc.
Antes de que el derecho de propiedad pautara la vida social, todos nacíamos con un trozo de pan bajo el Brazo. La naturaleza brindaba los recursos esenciales para la vida humana. Las únicas limitaciones para el logro de la estrategia vital eran las propias fuerzas de los individuos y la incapacidad para controlar las inconmensurables fuerzas de la tierra.
Todos los brazos se necesitaban. Todas las personas tenían un lugar importante y un espacio de auto realización. Por tanto, todas las personas estaban vinculadas de alguna manera a la madeja de la hominización.
Irónicamente, en la medida en que la tecnología incorpora nuevas herramientas y soluciones, menos personas son necesarias para el desarrollo de las tareas productivas. Sobran las manos, que es lo mismo que las personas. Muchos oficios, junto con la cultura productiva que les acompañaban, han dejado de ser útiles sin que se creen nuevos escenarios productivos donde ocupar a los desplazados y marginados.
En otros momentos históricos el desarrollo tecnológico también produjo grandes ejércitos de fuerza humana sobrante, pero aún había también grandes áreas inexploradas e inhabitadas que se convirtieron en destinos y en espacios para la explotación de nuevas riquezas, dando origen a fuerzas de cohesión social, fundadas en expectativas de construcción de un mundo mejor.
Se pensó que cada adelanto científico y sus aplicaciones tecnológicos, además de alimentar el sueño de ampliación de las libertades humanas, marcaba un jalón en la carrera evolutiva de la especie. Lo que no se imaginó es que el más impensado despliegue tecnológico podía producir la simultaneidad del desarrollo y la regresión.
Informática, robótica, nanotecnología, física cuántica . Un mundo de adelantos sin igual que, a su vez, produce un mundo de expulsados, excluidos, desplazados, hacinados, harapientos, hambrientos, marginados, descalzos, sin techo, desempleados, refugiados, inundados, inmigrantes, contaminados que no tienen otra opción que la regresión y la involución hacia una sub especie humana.
Si esta afirmación le parece una exageración, deténgase un poco en su agitada rutina y observe la gran cantidad de indigentes y locos que deambula en nuestras calles, sobreviviendo en los basureros, sin capacidad alguna de razonar, sin vínculos sociales y, lo peor, sin ningún gesto de solidaridad humana.
*El autor es sociólogo, catedrático universitario y uno de los voceros del Foro Social Alternativo.
