Independencia Nacional: Sin programa económico… 10

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Miguel Febles

Puestos a revisar, en los hechos o en la memoria, la historiografía dominicana en relación con la Primera y la Segunda República, salta la visión política de los autores, tal vez porque la sociedad dominicana era pobre, muy pobre, y para ella el hecho económico era una anormalidad.

La separación de Haití fue un hecho político, no económico. Acaso sea oportuno escribir aquí que el fracaso de todos nuestros próceres fue, en primer lugar, de naturaleza material: Pedro Santana, Manuel Jiménez y Buenaventura Báez, los tres primeros gobernantes que tuvo La República, fueron un fiasco.

La baja densidad demográfica es también un hecho de repercusiones económicas, y la composición social también.

En ausencia de lo económico como detonante de la separación y vuelta a la independencia, esta vez con soberanía (un hecho político), la experiencia administrativa pudo haber sido la tabla de salvación de los próceres llamados a liderar el paso del desierto que tenía por delante la débil nación que reclamaba el reconocimiento de las naciones hegemónicas para oponerlo a la República de Haití en el plano de la política internacional, pero quienes tenían lo poco de experiencia con que contaba el Estado recién nacido se imaginaban al pueblo dominicano bajo la tutela de Francia.

Se les conoce como afrancesados.

Los líderes de la parte oriental del país, alejados de Haití y cercanos a Puerto Rico, suspiraban por España y entre todos se hubieran transado, como lo hicieron a partir de 1858, por la tutela de Francia, España o Estados Unidos ante la perplejidad que les producía la debilidad de la nación para la que un grupo de revolucionarios había ideado la independencia a rajatablas. Haití era una amenaza perenne.

Los trinitarios, con Juan Pablo Duarte a la cabeza, era un grupo de jóvenes —con un cierto aire jacobino— en medio de una atmósfera rural, ágrafa y preocupada en primer lugar por la esclavitud, que no era poca cosa.

Lo natural hubiera sido una separación generada por la vitalidad económica, la cual genera estructuras sociales sólidas alrededor de un eje que se articula de manera espontánea en pueblos que vienen de la nada, y sobre la base de lo económico y lo social, lo político, que no es más que el poder y sus formas por las relaciones materiales y la jerarquización social.

Nada, no había nada para los fines que se habían propuesto los trinitarios. ¿Cuál era el programa económico y administrativo de Duarte para la tutela política de la nación? El escribidor no lo conoce y si no existía no podía tenerlo nadie, porque los otros sectores que actuaron a continuación del 27 de febrero de 1844 no veían las fuerzas con la que sería sostenida La República ni creían en la independencia pura y simple.

La soberanía dominicana salió de la cabeza de un idealista como Atenea de la cabeza de Zeus. En una próxima entrega hablamos de Duarte.

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