Incongruencias de Estados Unidos

En las últimas semanas Estados Unidos ha carecido, en el mejor de los casos, de buen olfato en sus relaciones con República Dominicana. Incluso tendrían elementos para justificarse quienes afirman que irrespeta a esta nación caribeña.

El Gobierno de Estados Unidos tiene mucho que explicar a los dominicanos sobre el caso Figueroa Agosto, quien supuestamente escapó de una cárcel de alta seguridad de Puerto Rico.

No mostró interés consistente en que el narcotraficante José David Figueroa Agosto fuera capturado y que se destruyera su reinado del crimen. Pareciera que tramitaron alguna documentación para cubrirse las espaldas.

Otra indelicadeza, o falta de tacto, fue el reconocimiento que se le hiciera en la Casa Blanca a Sonia Pierre, una mujer que ha ganado notoriedad en Estados Unidos acusando a la República Dominicana de darle trato esclavista a los haitianos y pidiendo sanciones contra el país. Ese reconocimiento lo hizo en momentos en que los dominicanos se quitaban el pan de la boca para asistir a los hermanos haitianos abatidos por un terremoto.

Ahora se presenta el extraño retiro de la solicitud de extradición de Faustino Perozo, a quien las propias autoridades norteamericanas habían acusado de ser miembro de la banda del procesado por narcotráfico Quirino Ernesto Paulino Castillo.

No le ofreció ninguna explicación al Ministerio Público, que la semana pasada había anunciado con bombos y platillos que el prófugo se había entregado.

En la República Dominicana no se formularon cargos contra el ahora ex extraditable porque todas las gestiones procesales estaban encaminadas a robustecer la acusación en Estados Unidos.

Todo parece indicar que Perozo negoció con las autoridades norteamericanas y que por eso vino a entregarse, sabiendo lo que el Ministerio Público desconocía: que se desistiría en el pedido de extradición.

La lección aprendida debe ser que los casos criminales que afecten a la República Dominicana deben ser procesados aquí, no supeditarlos a procesos en otras naciones, para que no quedemos como perico en la estaca o a expensas de las conveniencias de otros.