Inaugurar es importante; sostener es gobernar

Víctor Féliz Solano
Víctor Féliz Solano

Como municipalista y como ciudadano, valoro toda inversión pública orientada a recuperar espacios para la gente, fomentar el deporte, ampliar las áreas de recreación y devolverle vida urbana a zonas que durante años permanecieron subutilizadas.

Una ciudad necesita parques, malecones, áreas deportivas, ciclovías, zonas verdes y espacios de encuentro. Eso no está en discusión. Lo que sí debe discutirse, con seriedad y sentido de responsabilidad institucional, es qué ocurre después de la inauguración.

Las obras que se están ejecutando a propósito de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, especialmente en el entorno del Malecón Deportivo, el patinódromo y el área del Paseo 30 de Mayo, representan una oportunidad importante para Santo Domingo. Pero también plantean una pregunta inevitable: ¿quién asumirá el costo real de su mantenimiento una vez sean entregadas a la ciudad?

Un parque no se mantiene sólo. Una pista deportiva especializada no se conserva con discursos. Un espacio público intensivo requiere limpieza permanente, jardinería, vigilancia, iluminación, seguridad, baños operativos, reposición de mobiliario, mantenimiento técnico, control de uso, seguros, personal, electricidad, agua y supervisión constante.

Ahí es donde muchas veces fallan las grandes obras públicas: se planifica la construcción, pero no siempre se planifica la sostenibilidad. Si estas infraestructuras serán transferidas total o parcialmente al Ayuntamiento del Distrito Nacional, entonces debe existir previamente un acuerdo institucional claro, público y financieramente viable. No basta con entregar llaves, placas y fotografías. Hay que entregar también un modelo de gestión.

Ese modelo debe definir responsabilidades entre el Gobierno central, el ayuntamiento, el Ministerio de Deportes, las federaciones deportivas y cualquier otro actor involucrado.

También debe establecer un inventario de activos, costos anuales estimados, fuentes presupuestarias, garantías, protocolos de mantenimiento, reglas de uso, régimen de seguridad, mecanismos de cogestión y rendición de cuentas.

De lo contrario, el entusiasmo inicial puede convertirse en una carga presupuestaria difícil de sostener para el gobierno local. La ciudad necesita obras, sí. Pero necesita obras que puedan mantenerse en el tiempo. Porque cuando un espacio público se deteriora, además de que se pierde una inversión económica; también se pierde confianza ciudadana, convivencia, orden urbano y calidad de vida.

El gran desafío de la gestión pública moderna no es únicamente construir más. Es construir bien, entregar mejor y garantizar que lo construido pueda servir durante años.

Por eso, antes de celebrar cualquier transferencia de infraestructura, conviene preguntarse si el ayuntamiento cuenta con los recursos, el personal y la estructura operativa para asumirla. Y si no los tiene, entonces lo responsable es acompañar la entrega con una asignación presupuestaria, un fideicomiso de mantenimiento, una cogestión regulada o algún mecanismo financiero que evite que la ciudad cargue sola con una responsabilidad que nació como proyecto nacional.

Las obras de los Juegos pueden convertirse en un legado positivo para Santo Domingo. Pero ese legado dependerá menos del acto inaugural y más de la capacidad institucional para sostenerlo. Porque inaugurar es importante. Pero sostener, cuidar y administrar bien lo público, eso sí es gobernar