In Memoriam Héctor Rizek Llabaly

Frederich Bergés
Frederich E. Bergés

Hoy hacemos una pausa en nuestros análisis semanal de los desafíos estructurales y coyunturales de nuestra economía, así como del quehacer empresarial, sus retos y posibles soluciones.

Hoy queremos dedicar nuestro escrito a la memoria de un hombre destacado que en vida supo ser empresario agrícola, hombre de empresas y apasionado cabeza de familia. Me refiero a don Héctor Rizk L., fallecido esta semana pasada luego de una fructífera existencia tras haber cumplido sus 95 años.

Conocí a a don Héctor en su natal San Francisco de Macorís en la década de los años setenta y ochenta de manos de otro destacado macorisano, don José D. Acra, dueño de la Tenería Acra. Desde nuestro primer encuentro surgió una empatía enorme entre don Héctor y yo, a quien acostumbraba a visitar en cada viaje, a la sazón de ejecutivo bancario, que realizaba a Macorís.

De temperamento firme, pero extremadamente afable y humilde, charlábamos respecto de la economía de la época, así como del quehacer del mundo empresarial criollo. Un tema constante era su dedicación a la educación y preparación de sus hijos y qué apreciaciones yo tenía acerca de su formación y futuro. Otra faceta sobre la que charlamos mucho era su rol dentro del desarrollo de su Macorís querido y la prestigiosa asociación de ahorros local, de la cual era un destacado líder.

Con el pasar de los años ya la frontera agropecuaria y agroindustrial, como el más destacado de los productores de cacao, fue superándose, incorporando a su quehacer nuevos roles en el mundo empresarial, sobre todo en Santo Domingo. En el desarrollo de esa faceta también incorporó el servicio desinteresado a la nación, llegando a ocupar una posición destacada en la Junta Monetaria.

Con los años fueron incorporados con gran éxito sus dos hijos mayores, Héctor José y Samir, al mundo empresarial, promoviendo ellos su consolidación y una expansión notoria, incluyendo empresariales en ultramar. El éxito de esta nueva generación, a la cual se han sumado sus nietos, es fiel reflejo del extraordinario caudal de valores que supo imprimir a su adorada familia. Descanse en paz don Héctor, seguro de que su legado ha quedado en las buenas manos de sus descendientes.