Impredecible tecnología

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Nos hemos convertido en dependientes tecnológicos de los desarrollos digitales. Para el caso dominicano, esa dependencia se acentúa más en el mundo de las comunicaciones, donde cada vez más aparatos de formatos digitales nos convierten en sus esclavos.

Almacenan nuestra data, cual sustitutas cerebrales, que aún haciéndonos más eficientes, logran retraer nuestras capacidades de memoria y uso de la lógica.

Increíble que en un país donde la tercera parte de la población evade o ‘truquea’ los servicios eléctricos haya un móvil por casi cada habitante; significando con ello que algunos, como yo, usamos más de uno a la vez. Y ni hablar de la proliferación de la televisión satelital o por cable y el internet. Y todo ello requiere de aparatos cada vez más sofisticados.

Es así como esta expansión tecnológica trae consigo impredecibles fallas que muestran no tan solo la vulnerabilidad que tenemos frente a la dependencia de estas tecnologías y sus aparatos acompañantes, sino cuán costoso viene resultando dicha dependencia.

En mi caso ni les cuento de los fallos frecuentes y frustrantes en las líneas telefónicas del hogar o el negocio. Días y hasta semanas sin servicios, acompañadas de frustrantes llamadas a contestadores automáticos y visitas a las oficinas de los prestadores de servicios con gran sentido de inutilidad.

¡Y de aparatos ni opino! Los fallos de estos son casi igual al fallo de las redes y demás excusas que usan los prestadores de servicios para esconder sus debilidades. Solo tome el ejemplo reciente del BlackBerry, o los constantes fallos en los demás servicios.

La vida profesional nos exige movilidad y acceso a informaciones oportunas, que se convierten en claves del éxito, obligándonos al uso permanente de estas tecnologías. Pero no por ello dejemos de usar también el cerebro, que es la mejor tecnología de todas.

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El Día

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