Humilde en el triunfo, grande en la derrota
No recuerdo dónde leí el concepto que sirve de título a esta columna de hoy, pero el mismo acude a mi mente en este momento de tantos triunfos y tantas derrotas electorales que se han producido en las elecciones recién efectuadas.
Ciertamente, la nobleza del ganador se manifiesta en su actitud una vez confirmado el triunfo, una actitud de modestia y humildad, de no estrujarle su victoria en la cara al vencido, sino tenderle la mano para ayudarle a levantarse y pedirle su cooperación para realizar juntos la hercúlea tarea que les reclama el país.
El vencido, por su parte, no debe sentirse abatido en su difícil situación. Luchó y batalló como pudo sin ser favorecido por el éxito, pero sigue siendo parte del equipo que integramos todos los dominicanos. Con dignidad y decoro, levántese el caído y emprenda nuevamente su camino, no sin antes revisar con serenidad dónde estuvieron sus eventuales errores para no volver a incurrir en ellos.
Humildes en el triunfo y grandes en la derrota. Ese debe ser hoy el lema de los dominicanos, para, inspirados en él, trabajar unidos por un país mejor.
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