Huérfanos de oposición
En lo que respecta al debate de las ideas, la sociedad política dominicana vista más allá de la partidocracia- se mueve en forma circular.
Este vicio le resta capacidad creativa, la atrapa en una visión tubular y la condena a vivir en la lógica de los rumiantes: masticar lo que ya se ha masticado.
Un entrañable amigo privilegiado con una educación de primera en el contexto tercermundista- me llamó para comentarme su impresión sobre el discurso del Presidente. Emitió su sentencia: Eso y nada es lo mismo. 37 páginas para nada. Mi pregunta no se hizo esperar: Si fuera tú el Presidente, qué habrías hecho?. Disparó su respuesta con una velocidad inversamente proporcional: Yo no soy el Presidente.
La misma noche gracias a la rapidez de los portales de internet y a la televisión- leí, sin sorpresas, los puntos de vista de la oposición y de organizaciones de la sociedad civil, cuya razón de ser está en desplazarse siempre en vía contraria o jugar a una suerte de equilibrismo, que prefiguraban el estado de opinión del día siguiente. Visite usted los hemerotecas o haga un search en Google y le garantizo que hallará una repetición infinita de esquemas reactivos sobre las alocuciones presidenciales. Es como si existiera un acomodamiento al mismo chip o una resistencia a cambiar el cassette adquirido cuando el mundo era análogo.
Inclusive, las geografías que preparan los periódicos para verter en páginas el contenido de las reacciones parecen sacadas de gavetas invariables. Algunos actores cambian, pero las palabras son iguales y se reedita la sempiterna minusvalía para construir propuestas, aportar soluciones y, en fin, ver más allá del horizonte.
Supongamos que el discurso haya sido una oquedad que no lo es, y lo que está en juego es la ejecución de la austeridad concebida- no hay razón para que los puntos de vista contrarios sean tan penosos y vacíos que sólo sirvan para llenar páginas. Estamos huérfanos de oposición. Es una tragedia.