Martes, 12 de noviembre, 2019 | 7:14 am

Hoy es Leonel, mañana puede ser otro



“Cuando veas la barba de tu vecino arder, pon la tuya en remojo”, refrán popular

El expresidente Leonel Fernández nunca ha sido “santo de mi devoción”.

Porque durante sus mandatos la corrupción alcanzó niveles sin precedentes, solo equiparables a los tiempos de Buenaventura Báez, en medio de una impunidad indignante. Porque en lo institucional puso todo lo que pudo a sus pies y de su grupo. Porque él y su partido carcomieron cuanto pudieron el alma de este pueblo.

Reconozco que tiene luces como político, no tantas como presume, pero sí más que el político promedio criollo. Asimismo, ha jugado un rol aceptable en el escenario internacional. Ciertamente, Leonel es más progresista fuera que dentro de su país.

No me simpatiza porque para llegar al poder y una vez en la Presidencia, como todo renegado, el otrora progresista profesor de la UASD se entregó frenético en los brazos del conservadurismo político y aplicó un modelo económico neoliberal, que es, después del fascismo, la peor cara del capitalismo, que empobrece más al pobre y enriquece más al rico.

El llamado proceso de capitalización de decenas de empresas estatales no fue más que un ardid para regalar a empresarios y a gente de su entorno bienes públicos.

Pero el hecho de que uno tenga diferencias con alguien no es óbice para reconocer cuando este tenga razón.
Personalmente creo que si el expresidente Fernández tiene dudas sobre la transparencia del proceso de las primarias en su partido, y si tiene pruebas sobre un fraude en su contra –como alega-, le asiste el derecho a ser escuchado.

En mi opinión, Leonel fue víctima de un gran fraude, que se expresó en una asquerosa orgía de compra de cédulas sin precedentes, en incongruencias entre lo que decían todas las encuestas y los resultados finales. Cualquier aprendiz de informática sabe que lo que Leonel arguye sobre una manipulación del programa es perfectamente posible.

Además, sin ánimo de fastidiar, él, más que nadie, sabe cómo se hace un fraude electoral. Habla con conocimiento de causa. Pero debe ser escuchado.

Y lo que le hicieron a Leonel, que debió ganarle fácil a un opositor “cuasimudo”, sin discurso, podría ser tan solo un ensayo de lo que se trama para el año 2020.

De modo que la oposición debería ser la más empeñada en que se aclare qué pasó realmente en el PLD el día de las primarias, porque si el fraude fue de la magnitud que dice Leonel y su equipo, la oposición no tiene más remedio que poner su barba en remojo.

Si Leonel y la oposición no quieren que se repita el misterio del 6 de octubre, donde los votos de Gonzalo rindieron más que los espaguetis, debe oponerse al voto electrónico, incluso al sistema automatizado. Por lo menos hasta que no haya más seguridad.

La mayoría de los países europeos no utilizan el voto electrónico, en África ninguno lo usa.

España, que tiene 36 millones de votantes, cuenta sus votos. México tiene 89 millones de votantes y cuenta sus votos uno a uno. Perú, 24 millones, y tampoco lo hace. Sudáfrica tiene 27 millones y cuenta sus votos uno a uno. Colombia tiene 36 millones de votantes y no usa ni el automatizado ni el electrónico.

En 2009, tras varios pleitos y denuncias judiciales Alemania declaró inconstitucional la utilización de urnas electrónicas “por no permitir el sistema de votación electrónica la fiscalización del proceso electoral por personas sin conocimientos técnicos”.

Reino Unido, Holanda y Kazajistán no lo usan, porque no confían en el mismo.

En 2012, el gobierno de Irlanda decidió deshacerse definitivamente de 7,500 máquinas electrónicas adquiridas en 2002 por falta de fiabilidad. Entonces, cuál es el afán.

Mientras tanto aquí la JCE dijo que si se ponía a contar (menos de dos millones de votos) el proceso tardaría meses.

Extrañamente, y bajo presión, lo que supuestamente tardaría meses, se hizo en menos de 36 horas. ¡Increíble!
Ahora el chanchullo fue contra Leonel Fernández, pero mañana podría ser contra Luis Abinader o cualquier otro.

German Marte

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