Domingo, 22 de septiembre, 2019 | 6:21 am

Horda digital



En la era de ‘fake news’ y posverdad, como nuevas armas de destrucción masiva, y en medio de las sensaciones libertarias de las redes sociales, unos especímenes de alto riesgo captan la atención como terroristas digitales, apóstoles del chantaje y la extorsión.

Han hallado terreno fértil en un país lleno de gente con extensas colas e inconductas que conforman vasos comunicantes de pillaje y niveles de corruptela inéditos, pero también dañan honras bien ganadas.

La coartada es aparentar que poseen información de primera mano sobre determinadas víctimas, previamente seleccionadas en función de los fondos públicos que manejan, los sueldos que devengan o el capital privado levantado, para calcular el botín a sustraer.

Transitan en todas las redes sociales con preferencia en Youtube, con canales asumidos con dedicación, edición, cierta riqueza de imágenes y efectos para simular un trabajo profesional, aunque en el fondo se trata de chapucerías para asestar puñaladas desde la internet oscura o la “dark web”.

Verbalmente combinan el insulto, la diatriba y la mentira con “datos” extraídos del rumor público que inflan para meter miedo, tocando la vida personal de gentes que perciben vulnerables, sin obviar aspectos financieros y hasta sexuales.

Pelean en el fango, tras un muro porcino que sus víctimas no se atreven a escalar por miedo a ensuciarse, porque en ese ecosistema perverso la verdad puede naufragar, convirtiendo en héroes a malvados seguidos por una pléyade de borregos ignorantes e instintivos.

En la medida en que nadie los enfrenta, engrosan cada día el capital de la falacia y se pertrechan con narrativas inverosímiles, versiones alocadas, neuróticas, con valor de verdad solamente en sus cabezas aberrantes y en los sesos inservibles de sus adláteres.

Si esta horda no es atacada en su raíz, apelando a mecanismos legales y a las normas de convivencia que tienen todas las redes sociales, su potencial destructivo desde el punto de vista moral seguirá campante, pues dicen todo cuanto quieren sin contrastes.

Reconozco que enfrentarlos no es tarea fácil y que, probablemente, los recursos provistos en los manuales y en la misma teoría de comunicación de crisis se quedan cortos.

El silencio ante ellos no es arma sostenible en el tiempo y hasta los procesos legales podrían catapultarlos en lugar de domeñarlos.

La “enterprise social networking” debe revisar con alta criticidad los aportes que hace a la humanidad, metiendo en cintura con sólidas normativas y condicionalidades a estos entes perturbados.

Víctor Bautista

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