Historias de valor

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Ana Blanco

Persona que no conoce a otra hace una videollamada para que la segunda pueda hablar con su padre que está ingresado. Una señora de 82 años está fabricando mascarillas desde su casa.

Unos vecinos cantan cumpleaños feliz desde sus balcones a una mujer mayor que vive sola. Unos policías le hacen la compra a unos viejitos que no pueden salir… Las historias que me llegan cada día, me emocionan. Intento quedarme con estas, las positivas, las humanas, que me regalan la esperanza de que todo va a pasar. Y así será.

Para mí cada persona que sale de su casa para ayudar, trabajar y hacer lo necesario para que esta pandemia se controle, tiene toda mi admiración y respeto. Aquí incluyo a todos mis colegas periodistas que están en la calle, en las redacciones trabajando para que los que nos hemos quedado en casa estemos informados. Mi más profundo reconocimiento.

Reitero que en tiempos difíciles llegamos a conocer realmente a las personas. Y esas que son capaces de anteponer hasta su seguridad por su deber o espíritu de entrega me hacen creer que de verdad vamos a lograrlo. Todos aquellos negativos, aprovechados e insolidarios, que los hay y demasiados, para mí son nadie y los dejo con su propia desgracia: ellos mismos.

Es momento de unión, si no puedes ayudar de alguna forma, quédate en casa para que quienes sí pueden lo hagan con seguridad. Hoy no hay cabida para las quejas, para pensar que esto es una desgracia que ha venido a cambiar todos mis planes, es momento de ayudar, de tomar conciencia, de no entorpecer, de quedarte en casa y dejar el egoísmo de un lado. Y si lo que vas a decir, no aporta, mejor quédate callado, otros están salvando tu vida.

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