¿Hay resiliencia en la economía dominicana?

Daris Javier-columnista
Daris Javier.

Conforme con la literatura económica, invocar el concepto de resiliencia económica es hacer referencia a la capacidad que tiene una economía para adaptarse, resistir y recuperarse de crisis domésticas y globales, tales como recesiones, pandemias, conflictos geoeconómicos y dificultades internacionales o malestares geopolíticos.

Es por tales razones que analizar la resiliencia involucra examinar cómo las políticas fiscales, monetarias y estructurales se orientan a atenuar o mitigar los efectos de shocks externos y fortalecer la estabilidad macroeconómica en el mediano y largo plazo.

Y es que se trata de un enfoque microeconómico que evalúa políticas reales, razón por la cual la resiliencia económica hace referencia a la capacidad que tiene una economía para restablecer con rapidez sus funciones fundamentales cuando ha estado afectada por una crisis aterradora.

En adición, se logra desarticular y mitigar en tiempo récord los efectos de este malestar económico y que puede incluir ajustar sus estructuras para que sean más resilientes ante eventos futuros desafiantes.

Aunque en la actualidad el uso del término resiliencia se ha notado muy frecuente en la terminología económica, este se atribuye ser introducido en 1973 por Stanley Holling, el ecologista y padre de la economía ecológica.

Este prestigioso académico norteamericano-canadiense tuvo la genialidad de explicar cómo una externalidad negativa sobre el medio ambiente podía recuperarse rápidamente y tener un impacto positivo y persistir, a lo cual denominó resiliencia ecológica, pero resulta que a raíz de la gran recesión económica del 2008, al producirse una enorme capacidad de recuperación y una fortaleza sostenible en cuanto a la estabilidad macroeconómica, los académicos e investigadores economistas adoptaron el concepto de resiliencia para aplicarlo a la economía luego de transitar por una fase crítica y recuperarse con gran velocidad.

Es en tal contexto que el término de resiliencia económica ha tomado una interpretación razonable para explicar las etapas cíclicas por las que transita la economía y la capacidad de las estructuras económicas para reaccionar ante las frecuentes perturbaciones. Sin embargo, para ser realmente resilientes ante los eventos de crisis, las economías también deben ser capaces de avanzar y adaptarse cuando sea inevitable; por tanto, se requiere una mejor comprensión de la resiliencia económica.

Es imprescindible que se consideren todas las dimensiones relevantes para que las economías y las sociedades puedan enfrentar las crisis actuales y futuras.

Por lo general, se tiene la creencia de que el hecho de que se observe un crecimiento económico en el indicador mensual de la actividad económica, IMAE, es sinónimo de fortaleza, recuperación que evidencia una resiliencia económica. No obstante, en la actualidad, los debates sobre resiliencia y recuperación económica han puesto en evidencia que depender exclusivamente del crecimiento del PIB resulta insuficiente para afrontar las crisis; por tanto, la resiliencia económica sugiere estar acompañada de formulación y ejecución de políticas de estabilidad sostenibles con elevada credibilidad.

Para el caso de la economía dominicana, la aplicación y desarrollo de la resiliencia económica solo es válida su interpretación para la crisis de inicio de la década de 1990, la crisis bancaria del 2003, los efectos de la crisis financiera del 2008 y la crisis sanitaria global del 2020, la pandemia. Pues de lo que se trata es que, para tener una perspectiva más integral de la resiliencia económica, es necesario ir más allá del PIB y considerar indicadores que incorporen aspectos sociales y ambientales, ausentes en los criterios de desempeño de la economía dominicana.

Ante los eventos frecuentes de crisis, guerras comerciales y conflictos geopolíticos que predominan en la actualidad, es relevante tener una interpretación sesuda de la resiliencia económica, ya que es esencial para las economías y las sociedades.

Pues los efectos de esos acontecimientos son desastrosos para la sociedad y la economía, así como la perspectiva de que se incuben riesgos y vulnerabilidades, las cuales se expresan en incertidumbre, lo que sugiere que para hablar con firmeza de resiliencia en la economía dominicana es pertinente sustentarlo en un índice de resiliencia económica irrefutable y no tratarlo como si fuera un trozo de poesía que se recita.

Sobre el autor

Daris Javier Cuevas

Economista-Abogado
Máster y Doctorado en economía
Catedrático de la UASD