Hay que multiplicar esfuerzos
En el pasado reciente no se temía como se teme hoy a las lluvias torrenciales que se registran en Santo Domingo y poblaciones de las regiones Noreste y Sureste desde hace varios días.
Los efectos son devastadores, tomando en cuenta que las lluvias arrastran consigo muchos problemas asociados; el más nocivo ahora es el dengue, pero tenemos cientos de personas desplazadas de sus hogares, que tienen que alojarse en lugares de acogida o refugios improvisados. Son víctimas del hacinamiento.
Los aguaceros no dan tregua y producen dificultades en el tránsito y el flujo normal del tráfico en las calles. A eso se suma un número creciente de avenidas y calles inundadas, que inciden en bajar el número considerable de vehículos del transporte público y que afecta a su vez el desplazamiento y la movilidad de los pasajeros.
Trabajo no falta en el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) y las instituciones que trabajan bajo su coordinación. Harán falta otras cosas, como el sentido de la previsión oportuna, de potenciar el alcance de los presupuestos y de aumentar la cobertura de instituciones como el Ministerio de Salud Pública y los bomberos, en auxilio y apoyo con sus unidades de desagüe, que contribuyan a bajar el nivel de inundación de las calles.
La mayor amenaza la vemos en la cantidad de agua limpia que arropa a Santo Domingo y muchas poblaciones del interior. La lluvia fomenta la expansión del dengue y multiplica la cantidad de damnificados. Una y otra son peligrosas, afectan y atentan sensiblemente contra la salud del pueblo llano; y así, juntas, se convierten en una pandemia. El COE hace su trabajo, y Salud Pública debe multiplicar, de igual manera, sus esfuerzos con el propósito de seguir salvando vidas humanas.