Hay que cambiar
República Dominicana es una economía en constante crecimiento, ayudada fundamentalmente por sus recursos naturales, su ubicación geográfica, la estabilidad sociopolítico y la solidaridad de las familias.
El país tiene minería y agricultura, está ubicado en el centro de América y en el punto de llegada de Europa hacia esta región del mundo, sin confrontaciones sociales y sucesión política institucional estable, además de contar con las remesas que envían a sus familiares los dominicanos de la diáspora.
Eso ayuda a nuestro crecimiento, pero no es suficiente como para crear todos los empleos de calidad que necesita la población.
Lo precedentemente señalado nos indica que tenemos el potencial para crear las fuentes de trabajo necesarias, pero si diseñamos las políticas públicas imprescindibles.
Podemos producir materia prima y alimentos para consumo local y exportación, desarrollar nuestras industrias, aumentar el comercio e incrementar la economía de servicios (turismo, por ejemplo).
Todo eso está al alcance del país, pero hay que hacer cambios estructurales para lograrlo y crear una cantera de empleos bien pagados, que son algunos de los instrumentos que facilitan una más equitativa distribución de las riquezas.
Estamos en un buen momento para hacer los cambios para crear buenos empleos.
