Haití y las lluvias

En el caso de Haití no solo se ha manifestado a tiempo la solidaridad. También la previsión. En ese orden, se sabe que nuestro vecino es un país a la intemperie, que de un momento a otro puede ser víctima de la temporada de lluvias.
Muchas voces se han levantado para insistir en que el compromiso de la comunidad internacional sea sólido, permanente y a largo plazo. De lo contrario, todo lo que pueda hacerse en el presente servirá de poco si se abandona en un punto del camino.
En el pasado reciente la temporada ciclónica se ensañó brutalmente contra ese pueblo. Todavía no se repone; y para que eso suceda hay que levantar miles de casas, recomponer hogares, invertir en ciudades y campos para que el hábitat de Haití vuelva a ser más seguro y acogedor de lo que era antes.
No solo es un asunto de la comunidad internacional. También las autoridades deben hacer conciencia de su realidad y empezar a asumir sus responsabilidades a un alto nivel. Internamente y en los escenarios internacionales.
Una forma de hacerlo es empezar a planificar, conjuntamente con el apoyo de la República Dominicana y la comunidad internacional, su futuro inmediato, a corto plazo. Ese futuro inmediato demanda dotar de techo a más de dos millones de personas, que no tienen hogar. De lo contrario la temporada ciclónica podría enfrentarnos a un éxodo feroz e incontrolable.