Haití y la ayuda internacional

El papa Benedicto XVI se ha pronunciado y aunque su interlocutor más directo era el embajador de Haití ante el Vaticano, su intención era que lo escuchara el mundo entero. Sus palabras no estaban dirigidas a quien presentaba cartas credenciales en ese momento, sino a los gobernantes de las naciones desarrolladas, en especial a aquellas que tienen la responsabilidad histórica de la pobreza y la debilidad institucional de Haití. Algunas de las hoy potencias económicas.

Clamaba Benedicto XVI por lo mismo que desde hace año claman muchos sectores de la República Dominicana. Aprovechó el escenario para pedir a la comunidad internacional que salga en auxilio de Haití, no con discursos ni con proclamas de buenas intenciones, sino con acciones concretas y la consecuente inversión de recursos técnicos y económicos.

Las visitas del ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, podrían incluso hasta llegar a convertirse en una carga para Haití si éstas no vienen acompañadas de un compromiso de la comunidad internacional de hacer lo que haya que hacer para hacer viable el Estado haitiano.

Hasta el momento Haití ha sido sólo fuente para que las naciones más desarrolladas pongan de manifiesto su hipocresía. No hay que ser preclaro para observar que los países más desarrollados se han quedado en simples discursos ante la calamitosa situación haitiana y que hasta han asumido la irresponsable posición de pretender que otra nación pobre, como la República Dominicana, cargue sobre sus hombros la miseria haitiana.

El papa Benedicto XVI simplemente ha hecho lo mismo que los últimos dos presidentes dominicanos. Reclamar a la comunidad internacional que salga en auxilio de Haití antes de que sea demasiado tarde y República Dominicana tenga que pagar los platos rotos de una fiesta en la que no participó.