Sábado, 19 de octubre, 2019 | 3:57 am

Hacia una sociedad invivible



Lejos está de nuestro ánimo hacer coro con los que desde el exterior promueven una campaña que hace daño al país y a su turismo.

Una campaña que parece no conocer que una es la seguridad del turista y otra la del ciudadano común, una campaña, en fin, que desconoce la proverbial calidez del dominicano con el turista extranjero.

Pero la realidad social hay que plantearla, y como sociólogo debo exponerla con la mayor objetividad. Al describir la realidad se deben señalar las manifestaciones de violencia que experimentamos, independiente de que exista una gran cantidad de ciudades que presenta más altos niveles de violencia que la que se da en nuestro país. Al hablar de violencia no puedo dejar de señalar nuestros serios problemas de violencia intrafamiliar.

Durante el periodo comprendido entre enero y octubre del año 2018 los delitos con mayor número de procesos penales fueron los tipificados como violencia intrafamiliar.

En este orden se realizaron 52,462 procesos, constituyendo esta cantidad el 23.93% de los delitos procesados en la República Dominicana durante el referido periodo (Memoria Institucional 2018, Procuraduría General de la República).

El sentimiento de inseguridad ciudadana, vinculado a la delincuencia, criminalidad y corrupción, ha sido establecido por las más importantes encuestas aplicadas a la población dominicana en los últimos años.

La mayoría de los ciudadanos sentimos una marcada inseguridad cuando nos enteramos de lo indicado por la pasada fiscal del Distrito Nacional, Dra. Yeni Berenice, en el sentido de que en el 90% de los casos de delincuencia que se han dado en la República Dominicana interviene un agente o exagente policial o militar.

Respecto a la relación entre adultos y menores, llama la atención la ocurrencia de una variada ejecución de hechos relacionados con violación, acoso, abuso e irresponsabilidad sexual.

En torno al consumo de drogas, se puede decir que es creciente la cantidad de jóvenes de distintos estratos sociales víctimas de esta práctica.

Y qué decir de los altos niveles alcanzados por el crimen organizado en lo que se refiere al narcotráfico y el lavado de activos.

Y como si todo lo anterior fuera poco, hay que destacar los enfrentamientos escenificados por destacados líderes políticos nacionales que incrementan la zozobra nacional, desacreditan nuestra maltrecha democracia, llevan a muchos de nuestros jóvenes a la antipolítica y hacen recordar lo planteado por Juval Noah Harari, sobre que “jamás subestimemos la estupidez humana” (21 lecciones para el siglo XXI, pág. 193).

Definitivamente no vamos por buen camino. Si el Estado, que es el que más recursos tiene y controla, no actúa ya, si las instituciones educativas, religiosas, culturales, empresariales, profesionales, cívicas, no actúan ya, si los padres, llamados a velar por el mejor curso de la vida de sus hijos, no actúan ya, entonces, tenemos que decirlo, hay indicadores de que inexorablemente vamos hacia una sociedad invivible.

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