Hacia un futuro más esperanzador

Hacia un futuro más esperanzador

Hacia un futuro más esperanzador

Roberto Marcallé Abreu

Estos días de intensas lluvias en verdad nos desbordan el corazón y el espíritu de satisfacción y alegría. Resulta estimulante recorrer la ciudad, sus diversas zonas y barrios.

En la mañana temprano de un día no laborable se percibe un silencio profundo, disminuye la abrumadora presencia de vehículos y entonces el panorama, en algún sentido, vuelve a pertenecernos.

Resulta estimulante desplazarse por avenidas casi vacías, recorrer el parque Mirador del Sur, apropiarse de ese intenso verdor, del profundo silencio, observar la belleza arquitectónica de la Avenida Anacaona y, desde cualquier lugar, el Mar Caribe lejano y próximo a la vez.

Recorrer la avenida George Washington, deambular sin rumbo fijo por la Ciudad Colonial, desplazarse hacia el Faro a Colón y apreciar en todas sus dimensiones la obra monumental, la hermosa Avenida España hasta la Avenida de Las Américas. Se trata de lo que somos y nos pertenece, recuperar una clase diferente de alegría tanto de corazón como de espíritu.

Reflexiono, mientras, en la necesidad de que las autoridades asuman como una realidad urgente el problema de la salud mental del ciudadano. Hay revelaciones de muchas situaciones preocupantes. Quien evalúa con entereza lo ocurrido en los últimos años, de seguro tropezará con el hecho de que el país ha sufrido transformaciones tan complejas que son muchos los que no han podido adaptarse.

La pandemia arrojó un incalculable número de muertos y pérdidas de toda naturaleza. Rememoremos el trauma provocado por la acechanza de un mal terrible e inesperado, sus secuelas. ..

El ascenso al poder de Luis Abinader constituyó un respiro que abrió las puertas para que asuntos de envergadura empezaran a corregirse o estén en vías de corrección.

Las equívocas ejecutorias de las autoridades previas enfermaron tanto al ciudadano como a las instituciones.

De esos entonces un elevado número de graves distorsiones provocadas en todos los órdenes pesan aún en nuestras vidas.

Sin duda es mucho lo que se ha logrado. Igual pensamos sobre lo que aún resta por ejecutar a fin de que el país pueda dejar definitivamente a un lado una situación de pesadilla.

Se respira con alivio cuando uno se percata de que muchas de las perversidades sufridas se han reducido en su devastadora incidencia.

Solo que aún resta mucho por hacer. No podemos equivocarnos. Es esencial deshacernos totalmente de ese pasado y seguir avanzando.

Enfrentar sin tregua el delito y el crimen, los asomos de corrupción, el tráfico de influencias, los abusos, la inseguridad, el costo de la vida.

Los niveles de progreso económico logrados deben preservarse y acrecentarse. Es conveniente seguir el énfasis en otros tantos aspectos que siguen afectando de manera sistemática al ciudadano: la delincuencia, la complejidad de problemas como el tránsito, el funcionamiento de muchas instituciones.

Se ha avanzado y seguimos avanzando. Solo que es vital que todos y cada uno de nosotros realice el aporte que esté a su alcance porque los males, como sus soluciones, deben ser responsabilidad de todos.