¿Hacia donde vamos?

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El ametrallamiento de un investigador policial, con el rango de coronel, está obligando a mucha gente, para no decir a todos los dominicanos, a preguntarse hacia dónde estamos caminando. La forma como fue ultimado el oficial Virgilio Casilla Minaya, todo indica que por encargo, hace pensar que la situación “se nos está yendo de las manos”.

Y lo grave del caso, de acuerdo al tumbo que llevan las investigaciones, es que el asesino del oficial salió de la institución a la que él pertenecía y por la que luchaba para que se convirtiera en una instancia sin tantos delincuentes, como al parecer hay en su seno. Eso es lo que más preocupa a la colectividad nacional.

Son muchas las versiones dadas sobre el hecho de sangre, inclusive algunas atribuidas a familiares, pero la más cortante es aquella de que alguien con uniforme habría pagado RD$300 mil por el asesinato. Ese dato es lo que le ha puesto los pelos de punta a mucha gente, aunque para una considerable cantidad de ciudadanos eso no lo extraña.

Se dice que Casilla Minaya tenía a su cargo una serie de casos, en su condición de investigador de Asuntos Internos de la Policía, que le obligaron a recomendar cancelaciones y retiros que a lo mejor enojaron a alguien y ese alguien dispuso su ejecución. Para eso, como es lógico, esa persona contrató a sicarios.

Era un hombre honesto, según parece, porque he escuchados comentarios favorables del malogrado oficial, y una muestra de ello era que compartía su responsabilidad policial con la docencia, a los fines de poder estirar los ingresos que recibía al mes y así atender las necesidades de su familia.

Sus asesinos, de acuerdo a las versiones puestas a circular, legaron al lugar donde el oficial se encontraba con unos parientes y lo llamaron por su nombre, para de inmediato dispararle la mortal ráfaga, es decir que fue sus atacantes acudieron al lugar exclusivamente a liquidarlo, lógicamente después de ubicarlo.

Se espera que la comisión investigadora concluya las pesquisas y, sin tapar a nadie, diga todo y cuando se descubrió de esta ruin trama, diciendo con pelos y señales quienes ordenan la cobarde ejecución de Casilla Minaya, un oficial al que aún le faltaba mucho por darle a la sociedad dominicana.

Después de todo esto, me encuentro entre los dominicanos que nos preguntamos cuál es el rumbo que llevamos de continuarse produciendo acontecimientos de esta naturaleza. En quien sí confío, y ojalá no esté equivocado, es el mayor general José Armando Polanco Gómez, porque tengo la impresión de que este hecho le ha lacerado el corazón.

Sus palabras, pronunciadas frente a los deudos y relacionados del oficial asesinado, me convencieron de que este hombre procura una Policía mejor. Y yo también quiero una Policía mejor, una Policía confiable, como también pienso que aspira el presidente Leonel Fernández y los otros políticos que aspiran a dirigir los destinos del país.

¿A dónde llegaremos si esto sigue como va? ¿Se puede confiar en la Policía? Esas son algunas de las preguntas que se formulan los ciudadanos, inclusive con mayor fuerza los de a pie, casi siempre sin encontrar respuestas a inquietudes que, por lo pronto, trastornan a todo el mundo, inclusive a los que tienen compromiso de mando.

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