Hablar a los hombres y mujeres de mi época
Entre sueños me desperté y oí que alguien me decía: tú no hablas lo suficiente de amor del Padre Dios.
Y le repliqué, es que en mi corazón hay muchas cosas que poner en su lugar, hay muchas preguntas que la gente me hace y que yo mismo me hago, las cuales más que responderlas deben ser interiorizadas.
Y me insistió, pero trata de hablar de la Misericordia del Padre a esta generación indiferente, violenta, cibernética, pacífica, amante de la diversión, sí, a esta generación.
Y comencé a preguntarme:
¿Qué le digo al henchido en riquezas que no obedece ni siquiera a las leyes de su país, que su único Dios es su dinero, su riqueza?
¿Qué voy a decirle a la madre que perdió su hijo único?
¿Qué voy a decirle a la madre de tres hijos pequeños que pierde a su marido en un accidente?
¿Qué voy a decirles a los padres que tienen un hijo, una hija defectuosa?
¿Qué decirle a ese padre de familia que trabaja diez horas y no tiene dinero para darles educación a sus hijos?
¿Qué voy a decirle al Padre, a la madre, que su hija murió de repente?
¿Qué voy a decirle al que va a un hospital y le ponen una cita para que vuelva en tres meses?
¿Qué decirle al padre o la madre que tiene unos hijos brillantes con calificaciones excelente y por ser pobres no consiguen una beca para estudiar?
¿Qué decirle a esa gente que están organizadas, capacitadas, que han estudiado y por no ser del partido no le dan un empleo?
¿Qué decirle al que va a recibir la comunión y yo sé que está explotando a sus hermanos y hermanas?
Y la voz me replicó: aún así debes hablar de la misericordia del Padre, Dios.