Guardar las formas

Una forma que puede acelerar el descalabro de cualquier familia que atraviese por un momento de precariedad económica es querer mantener su ritmo de gastos igual que cuando la abundancia colmaba el hogar.

“Aguajear”, como dice la gente de pueblo, puede tener un costo que sólo llevaría a aumentar las precariedades reales.

Lo mismo se puede aplicar a la administración de cualquier país.

El Gobierno dominicano fue en extremo solidario con el pueblo haitiano cuando la tragedia del terremoto del 10 de enero que dejó cientos de miles de muertos. En esa ocasión aplaudimos la muestra de solidaridad. Podría decirse que nos quitamos el pan de la boca para dárselo a un hermano que agonizaba.

Esa muestra de solidaridad había que darla y los dominicanos lo hicimos de manera desinteresada. Fue un sacrificio porque dimos de lo que nos hace falta.

Pero hay acciones que no se justifican y que quizás tengan un sacrificio económico exiguo. Sin embargo envían un mensaje que dista de la austeridad que implican los momentos de constreñimiento.

Inversiones organizando cumbres sobre el Medio Oriente o en invitar al país a los 33 mineros que fueron rescatados en Chile da la impresión de malgastar en asuntos innecesarios cuando lo que manda el momento es austeridad. Ni hablar del penoso espectáculos de semanas atrás cuando funcionarios se movilizaron en 14 helicópteros a un acto donde el Presidente de la República proclamaba sobre las limitaciones económicas del Gobierno.

Hay que cuidar las formas.