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Gran canal chino no se hará para mañana

Bloomberg Business.-Internándose en el lado sureste del lago Nicaragua, junto a un camino de tierra irregular que va trepando suavemente por una selva verde exuberante, se encuentra la pequeña localidad de El Tule.

Es la quintaesencia de la América Central rural: los pollos deambulan frente a casas de techos de chapa en tanto los cerdos están atados a los árboles, a la espera de ser faenados; el sonido de los pobladores locales borrachos cantando al son de rancheras saludó a los visitantes una tarde reciente empapada de lluvia.

El poblado, según dicen los funcionarios nicaragüenses, es un punto clave en lo que será el mayor proyecto de infraestructura que ha visto la región en toda su historia, la construcción de un canal por US$50,000 millones que recorrerá 170 millas desde la costa este a la costa oeste del país.

Otorgada hace dos años por el presidente Daniel Ortega a un oscuro empresario chino llamado Wang Jing, la concesión requiere destruir El Tule, esencialmente borrarlo, para dar lugar al canal justo antes de que este desemboque en el lago y luego llegue al océano Pacífico unas millas más adelante.

La idea es que esta vía fluvial atraerá muchos de los barcos más grandes a los que el Canal de Panamá –situado apenas unas 300 millas al sureste- no ha podido históricamente dar cabida.

Plazo de construcción

El plazo de construcción se fijó para 2020. Sin embargo, un recorrido de cuatro días por El Tule y sus alrededores programado para el desarrollo inicial no hizo sino corroborar la creencia, compartida por muchos analistas dentro y fuera de Nicaragua, de que este proyecto no se llevará a cabo.

Los pobladores no han visto signos de gente trabajando en el canal en meses. Y el trabajo realizado fue marginal.
El año pasado se detectó a un puñado de ingenieros chinos realizando notaciones in situ en el lado este del lago; a comienzos de este año, se amplió un camino de tierra y se modernizaron los postes de luz en un lugar del lado oeste donde se erigirá un puerto.

Juharling Mendoza, un emprendedor local de 32 años, está tan convencido de que el proyecto no avanzará que está construyendo una casa de dos pisos con tres habitaciones de huéspedes y un almacén adyacente justo frente a El Tule. Él dice categóricamente: “No habrá ningún canal”.

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