Gracias por estar ahí

Ana Blanco
Ana Blanco

A veces, cuando me enfrento a la hoja en blanco para escribir esta columna, mi cerebro se llena de ideas que van y vienen y no acabo de centrarme en ninguna porque pienso que ninguna realmente vale la pena.

Llevo muchos años compartiendo este escrito y me lo tomo muy en serio. Creo firmemente que si lo que vas a decir no aporta, mejor no decirlo.

Soy una persona normal, como tú que me lees cada jueves, con días buenos y malos, con éxitos y fracasos, con ganas de correr y llegar a la meta, y con ganas de no levantarme de la cama para enfrentar lo que el día traiga. Eso es lo maravilloso, ser capaces de aceptarnos, de conocernos, de permitirnos. Y uno de los momentos en los que me siento realmente yo es cuando escribo estas palabras.

Les aseguro que son vivencias y reflexiones reales, humanas y que sólo buscan unos ojos que puedan empatizar y decir: “Yo también me siento así” o “Justo esto es lo que necesitaba leer”.

Si cada jueves logro que uno de ustedes se sienta bien, mi deseo se habrá cumplido. Y comparto esto hoy para que entiendan que siempre hay que buscar esos espacios de desahogo, de permitir que salgan las cosas, de admitir que se necesita una mano amiga o, simplemente, de celebrar las pequeñas o grandes cosas que nos pasan.

Muchas veces nos encerramos por miedo a lo que los demás puedan pensar y no hay nada más extraordinario que compartir y tener quien te escuche, te lea o te acompañe.

Hoy doy gracias a quienes cada jueves recorren conmigo estas 300 palabras. No nos conocemos, pero tenemos un vínculo que para mí es importante; ustedes son importantes y son la verdadera razón de cada palabra.

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Ana Blanco