Gracias a todos por ser solidarios
Tengo que agradecer, de la manera más sincera, a todos mis amigos que en los últimos días han mostrado su solidaridad ante la muerte súbita de mi hermano Braulio, el más que pequeño de la familia.
Todos mis relacionados, inclusive los menos íntimos, llamaron a los teléfonos de mi domicilio, móvil y oficina, de modo que eso demuestra el grado de afecto y consideración que me tienen.
Funcionarios del gobierno, oficiales de las Fuerzas Armadas y la Policía, algunos de ellos adscritos a la DNCD, comenzando con el mayor general Rolando Rosado Mateo y el general José Eugenio Matos de la Cruz.
Estoy agradecido, sinceramente, de todos. Pero de quienes más agradecido estoy es de los moradores de la comunidad rural de donde somos oriundos, allá en Las Matas de Farfán, donde la solidaridad estuvo a borbotones.
La reacción de nuestros vecinos, ante la muerte inesperada de Braulio, hacía suponer que se trata de hermanos del difunto también, lo que demuestra el tipo de vida sana y amistosa del muchacho, muchacho porque solo alcanzaba los 36 años.
Desde los más humildes de allá, les hablo de Ramón (Ramón Villita) y Francés (Francés Librada), hasta los profesionales que salieron y se radicaron en la capital, así como oficiales de todos los grados de nuestra comunidad y de secciones vecinas.
No hay dudas, entonces, accionar como hombres de bien nos ha dado resultado, es decir que nadie nos rechaza en la comunidad. Estoy, repito, agradecido por el tratamiento delicado y solidario de la gente que en todo momento ha estado con nosotros.
Voy a citar algunos de los que han estado en contacto conmigo: Leopoldo Díaz, de Hogar Crea; Joaquín Ascensión, Leo Hernández, José Monegro, Ruddy González, Felipe Mora y los muchachos de la redacción de El Día.
Alberto y Celeste Valdez y Víctor Hugo Batista, desde La Florida; Ramón Mercedes (La Maura), desde Nueva Cork; Johnny Pérez, desde Boston; Fernando y Pilar, desde Madrid; así como Domingo Ramírez y sus hijos, desde Washington, D. C.
Esos son solo algunos ejemplos, pero desde el país la lluvia de llamadas solidarias han sido permanente, comenzando con la de Katiuska Bobea, la magistrada Finette Padilla, Isabel Plasencio, Dora y Basilio Amor, Tania y Mena y el coronel Encarnación.
El vicealmirante Luis Alberto Humeau Hidalgo, el capitán de Navío Soto Hatton, Rafaelito Tejeda, Nasarquin Santana, Rosa Delira Lebrón viuda Inoa, Dora y Ovidio Lebrón, el teniente Carela Lebrón y la familia Peralta (Don Eulalio, Lalito y Edris).
Y sigo mencionando. El abogado y mejor amigo Jaime Caonabo Terrero, José Roman García, de San Cristóbal; el maestro Tapia, Roberto Brito, Carlos Pilares Arturo Castillo, el solidario coronel René Rodríguez, a todo el personal de la Z-101 (Willy, Victor, Julio, Euri, Don Alvaro, Daniel García Archibald, Consuelo y Don Víctor.
Desde Deercield Beach, en La Florida, a Roberto Sagahon y a Melissa Valdez, dos amigos entrañables. A ellos, y a todos los que he mencionado, gracias del alma por su solidaridad en este momento.
Al mayor general Gilberto Delgado Valdez, vice ministro de las FFAA; al inspector de las FFAA, mayor general Altuna Tezanos; al contralmirante Betánces Hernández, director de la ARS de las FFAA; y al mayor general Ramírez Ferreira, ex de la DNCD.
No puedo pasar por alto la solidaridad del mayor general Payán Areché, jefe del J-2, al teniente coronel Aguasvivas Delgado, ayudante de Delgado Valdez, y al teniente coronel Ubri Boció, ayudante de Rosado Mateo. Gracias por todo.
Al coronel Suárez, ejecutivo de la DNCD; al coronel Lebrón, encargado de la Bóveda de la DNCD; al coronel Mélido Marte, al coronel Bello Santos, al coronel Lebrón Jiménez,. Mi primo y mejor amigo, gracias por estar siempre al lado nuestro.