Golpe de Estado inaceptable
Lo que ha ocurrido en Hondura no es más que un burdo golpe de Estado contra un presidente electo democráticamente, Manuel Zelaya.
La institucionalidad sufrió un gran revés en Honduras y con ella en toda América Latina.
El repudio contra esa vergonzosa acción dirigida por una facción del Ejército hondureño debe producirse sin medias tintas.
El camino hacia la democratización del hemisferio ha conllevado grandes sacrificios y un mar de sangre. En ocasiones llegamos a pensar que habían quedado atrás los golpes de Estado militares, pero es evidente que no es así.
Apena más la complicidad de representantes de poderes públicos hondureños con esta afrenta.
Lo que pudo ser una disputa jurídica que ayudar a fortalecer la institucionalidad de esa nación terminó convirtiéndose en una puñalada a la democracia.
Nos alegra saber que el presidente dominicano, Leonel Fernández, haya repudiado el golpe de Estado, y ojalá que todos los mandatarios del continente se unan para ayudar a que Honduras vuelva al orden constitucional.
La OEA ha rechazado en pleno lo que ha ocurrido en Honduras. El secuestro y destitución de un presidente electo democráticamente es una violación inaceptable de la carta democrática de la OEA.
Sólo la restitución pura y simple del presidente Zelaya en su cargo y las sanciones jurídicas contra los responsables del golpe de Estado podrían satisfacer las expectativas de una comunidad interamericana que se precia de democrática. Si aceptamos esto hoy, podríamos verlo en otro país mañana.