Generacionalmente imperdonable

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Formamos parte de una generación que ha crecido en medio de la corrupción, un poco más en un período de gobierno, un poco menos en otro, pero pocas cosas nos acompañan tanto como la corrupción.

La situación es tal con la ligereza en el manejo de los fondos públicos que ya abordamos el tema como algo inevitable, algo con lo que debemos convivir, cual perro realengo con su garrapata.

Es nuestra generación, y las que nos siguen, las que han sufrido las consecuencias del crecimiento de ese cáncer en el Estado y, en consecuencia, nadie más que nosotros deberíamos trazar la raya de Pizarro delimitando con nuestras acciones un antes y después.

Más aún, cualquier joven debería asumir el discurso de combate a la corrupción como su norte político y sin dudas, en una ciudadanía hastiada como la nuestra, obtendría tanto el favor de los votantes como probablemente el liderazgo indiscutido de la sociedad dominicana que, sin importar preferencias políticas, visualizarían en él al anhelado líder que privilegie el bien común a la riqueza personal o grupal de quienes detentan el poder.

Es por ello que no se puede menos que sentir indignación cuando se leen los informes sobre el manejo selectivo y poco transparente que se hace de una institución que está llamada a ser “diferente”.

A cualquier “dinosaurio” se le entiende que actúe así; repite el patrón de su ciclo, el de la corrupción. Pero que una generación que ha sido testigo, que ha absorbido todo el retraso que implica, que ha sufrido en carne propia los embates de la corrupción, se maneje de esa forma, es vergonzoso.

¿Cómo repiten ustedes el comportamiento de aquellos que con su irresponsabilidad, dejadez y vocación delincuencial nos han colocado al borde del precipicio?

Poner unos jovencitos a leer libros para romper récords es loable, pero más que eso parece puramente mercadológico; no tiene ningún valor, si quienes los ponen a leer no tienen el valor para romper el maldito récord de la corrupción.

Y eso es generacionalmente imperdonable.

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El Día

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