Generación M y tecnología móvil: su impacto en el desarrollo
La “Generación M” se refiere comúnmente a los jóvenes nativos digitales hiperconectados, caracterizados por el uso intensivo de múltiples dispositivos móviles y tecnologías digitales. También se utiliza el término para describir programas de innovación y formación en habilidades del futuro, así como grupos sociales altamente activos en comunidades virtuales.
El gran desarrollo de la telefonía celular que hemos experimentado en los últimos años, tanto en la República Dominicana como en muchos países interconectados, ha crecido de manera exponencial. Este avance permite saltar etapas y superar parte del atraso y el subdesarrollo que aún afectan a numerosas demarcaciones del país —provincias, distritos municipales, secciones y parajes—, así como a importantes centros urbanos de la geografía nacional.
La reducción constante de los costos de esta tecnología ha facilitado el acceso y la evolución de múltiples plataformas digitales en diversas áreas: servicios financieros y bancarios, instituciones gubernamentales, farmacias, entrega de alimentos, envíos de mercancías, comercio electrónico, educación universitaria a distancia e incluso aplicaciones de interacción social y personal.
Los teléfonos celulares están revolucionando los procesos que conforman el desarrollo económico. Ofrecen enormes posibilidades a distintos agentes sociales y económicos para tomar decisiones oportunas y eficientes. Un sistema moderno de telecomunicaciones contribuye significativamente a la reducción de costos en los procesos financieros y en las transacciones económicas nacionales e internacionales, ampliando así las oportunidades de crecimiento de la sociedad.
El acceso inmediato a la información necesaria para la toma de decisiones constituye, potencialmente, uno de los elementos más innovadores en el proceso de modernización tecnológica y desarrollo de un país.
En la actualidad, las economías con una fuerte incidencia rural y un importante sector agropecuario, que aportan significativamente al Producto Interno Bruto (PIB), necesitan desarrollar sólidas plataformas de telecomunicaciones para incrementar sus exportaciones y mejorar la eficiencia de sus transacciones comerciales. Para ello, recurren a inversiones graduales y sostenidas que permitan construir infraestructuras modernas y obtener mayores beneficios económicos y sociales.
La República Dominicana cuenta con un mercado de telecomunicaciones altamente dinámico. A finales de 2025, el país registraba más de 11.9 millones de líneas telefónicas activas, en su mayoría bajo la modalidad prepago. Claro Dominicana mantiene el liderazgo del mercado, seguido de Altice y Viva.
El Banco Mundial ha confirmado que el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) constituye un importante vehículo para el desarrollo, destacando especialmente el papel de las telecomunicaciones móviles en las zonas rurales, donde reside una gran parte de la población mundial y de los sectores más pobres. La movilidad, facilidad de uso, flexibilidad de instalación y bajo costo relativo de la tecnología inalámbrica han permitido llevar servicios de comunicación a poblaciones rurales con bajos niveles de ingresos y alfabetización.
Como hemos visto, la telefonía celular resulta fundamental para los países que desean avanzar en múltiples áreas productivas, fortalecer los negocios y atraer nuevas inversiones. La República Dominicana se ha consolidado en los últimos años como una nación con acceso a tecnología de punta y costos relativamente razonables, gracias a la competencia existente entre varias empresas de telecomunicaciones ampliamente conocidas.
Los usuarios se benefician del acceso a mejores servicios, mayor fiabilidad y reducción de costos, producto de la competencia y de la diversidad de ofertas tecnológicas disponibles en el mercado.
El desarrollo portátil que ofrece la telefonía móvil, unido a la amplia cobertura de las redes inalámbricas, ha demostrado un crecimiento sostenido en las zonas rurales y entre personas de bajos ingresos. Esto responde, en gran medida, a las necesidades de comunicación de muchas familias que mantienen vínculos con parientes residentes en el exterior y dependen parcialmente de las remesas para su sostenimiento.
La integración de los teléfonos celulares con plataformas conectadas directamente al sistema financiero y a las cuentas bancarias ha permitido un enorme avance en la bancarización de la población. Asimismo, ha impulsado el uso de tarjetas de débito y crédito, facilitando las transacciones comerciales y los pagos en línea que simplifican la vida cotidiana de los ciudadanos.
Actualmente, casi todas las instituciones financieras ofrecen sistemas de banca móvil que permiten a sus clientes transferir fondos entre empresas y familias, reduciendo drásticamente los costos de las transacciones. La banca móvil, a través de teléfonos celulares y otros dispositivos inalámbricos, proporciona comunicación permanente y servicios confiables en tiempo real. Incluso los hogares de menores ingresos utilizan hoy estas herramientas tecnológicas que les permiten ahorrar tiempo y dinero.
Sin embargo, también resulta necesario reflexionar sobre los efectos sociales y culturales de esta transformación tecnológica. La Generación M, cada vez más dependiente de estos dispositivos, ha desarrollado en muchos casos una relación excesiva con la tecnología, generando comportamientos cercanos a la adicción. Aunque el uso adecuado de estas herramientas favorece la búsqueda de conocimientos, la investigación y el aprendizaje, también puede estimular el exceso de entretenimiento, ocio improductivo y contenidos perjudiciales que afectan las potencialidades de una juventud llamada a garantizar la continuidad del desarrollo nacional.
El gran desafío consiste en aprovechar las ventajas de la tecnología móvil como instrumento de progreso económico, educativo y social, sin perder de vista la necesidad de formar ciudadanos críticos, responsables y productivos.
El autor es economista.
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