Gemelos Cartagineses
Después de haber escuchado al ingeniero Miguel Vargas Maldonado declinar su candidatura según sus propias palabras, en favor de Hipólito Mejía, un político superficial lo tomaría como bueno y válido asumiendo que con ello cierra una herida provocada en el fragor de la lucha por la nominación presidencial.
En ese sentido, obrar así parecería prudente e inteligente y, quizás lo sea, pero para los que nos preocupamos por actuar según las enseñanzas de José Francisco Peña Gómez de ver más allá de la curva, nos obliga a una última reflexión sobre actitudes que nadie debe volver a repetir en un partido que está llamado a ser la expresión de la democracia.
Por ello me permito hacer un análisis forense de la precitada intervención del Presidente del Partido Revolucionario Dominicano. Por razones lógicas no podré abarcar todas las imprecisiones que contiene; de hacerlo redactaría un tratado político que cansaría a mis lectores.
Al iniciar la lectura de la transcripción del discurso, citamos: fallas en el proceso. Parece mentira que más de un mes después se insista con esas infantiladas de por más ofensivas, pues acaso no participaron sus delegados en todos los procesos de la convención?, entonces,¿ qué hacían sus delegados que no detectaron esas fallas?
Más adelante continúa miembros de otro partido votar y me pregunto: ¿por qué no se objetaron los votos de los miembros de otros partidos?
En sus palabras también encuentro: en lugar de actuar como árbitros…. y con respecto a esto no creo haber sido testigo de peor decisión que la de haber pretendido enlodar reputaciones que están revestidas del respaldo incluso de aquellos que ni siquiera militan en organizaciones políticas.
Irónico me resulta descubrir en este discurso la siguiente frase: todo se vale. Créanme que sólo me viene a la mente la expresión predicar la moral en calzoncillos.
Continúa el escrito con unos cuantos párrafos sobre cómo se reconstruyó el PRD luego de la derrota del año 2004 y creo que sólo un mezquino podría desconocer eso; lástima que lo que se hiciera con las manos se destruyera con los pies pues nadie pensó que el nuevo PRD sería capaz de timar a Guido Gómez Mazara y a Tony Peña, este último hijo de aquel a quien se hace alusión en varias partes del discurso.
A la par con esto, las imposiciones y desconsideraciones a dirigentes no deben provocar que me extienda, pues estuvieron a la vista de todos.
Continuando con el texto, veo una alusión al logro de la no reelección y me pregunto si eso fue lo que el Aníbal del Caribe reconoció unos días atrás. De por más, hubiera preferido no recordar ese documento, pues el día que fue firmado, se firmó la derrota que hoy a regañadientes se reconoce.
Afirmar más adelante que no pido nada es no menos que risible, pues, para qué se reunieron durante varios días unos delegados? Es una falta de respeto a la inteligencia común plantear eso ahora, los hechos valen más que las palabras.
Luego veo la palabra declinar y entiendo perfectamente su uso, no es declinar aspiraciones sino declinar la candidatura que de acuerdo al discurso se ganó pero fue arrebatada por malas artes.
Así pues, cuando párrafos después se usa la palabra sacrificio no es adecuada ni sincera, pues cuando se sacrifica algo es porque se tiene y ciertamente, eso que ahora se sacrifica nunca se obtuvo. No hay sacrificio en aras de la unidad. Hay unidad, porque si se hubiera intentado lo contrario Miguel Vargas Maldonado debía ser sacrificado.
De tal manera, lectores, que sin darnos cuenta en apenas días nos encontramos con dos dirigentes políticos, uno que declina ser reelecto cuando en realidad, empresarios, iglesia y el imperio hace rato que le habían enviado las señales de desaprobación y otro, que declina lo que nunca obtuvo, en aras de una paz y de una unidad que el mismo resquebrajó con su impericia en el manejo de una organización compleja como es el Partido Revolucionario Dominicano.
Hemos sido receptores de la magnanimidad de los Gemelos Cartagineses.