Lunes, 16 de septiembre, 2019 | 7:40 pm

¿Gaspar Polanco o Luperón?



Las comparaciones siempre son odiosas, pero como una vez Juan Bosch dijo que el personaje más importante de la Guerra Restauradora era el general Gaspar Polanco, ahora, en el ciento cincuenta y seis aniversario del triunfo de esa gloriosa epopeya, me permito contradecir al profesor y darle la primacía al general Gregorio Luperón.

El aporte de Polanco es imborrable. Aunque se sumó a la guerra después de haber combatido a los patriotas.

Se unió a Monción y Pimentel en la persecución al brigadier Manuel Buceta en la Línea Noroeste, llegó a Quinigua en los alrededores de Santiago, se le otorgó el mando supremo por su pericia militar y ser el oficial de mayor rango de todo el movimiento.

Ordenó el ataque a fondo de la ciudad que los españoles defendían a sangre y fuego, los persiguió cuando estos huyeron a Puerto Plata. Estableció su puesto de mando en el cantón de La Javilla, donde permaneció por más de un año sitiando a los españoles.

En octubre de 1864, encabezó el golpe que derribó al presidente José Antonio Salcedo. Le dio nuevo vigor a la guerra nacional. Hizo un buen gobierno.

Pena que no haya espacio para señalar algunas de las ejecutorias de los noventa y tres días de su mandato.

Pero manchó su nombre con el asesinato a mansalva de Salcedo.
Luperón, en cambio, se sumó a la lucha desde antes del dieciséis de agosto de 1963, sentenciado a muerte por los españoles, se mantuvo en la clandestinidad, se sumó a la batalla de Santiago cuando esta estaba en curso y hay que reconocer el papel de primer orden de este jovencito de poco más de veinte años en esa crucial batalla. Designado Gobernador y Comandante de Armas de Santiago, contestó: Ya no hay españoles en Santiago y por tanto este no es mi puesto.

De ahí estuvo en todos los escenarios donde se decidió la suerte de la guerra. El sur, el este, comandando las tropas que frenaron el avance temido del general Santana hacia el Cibao, del cual dependía el destino inmediato de la República. Nunca tuvo reposo.

Al salir de la guerra y por sus méritos estaba muy por encima del jovencito anónimo que se integró a ella. Todo esto, sin hablar del papel que jugó Luperón en nuestra historia como el liberal sincero y patriota intransigente que fue.

Rafael Chaljub Mejìa

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