Ganó Goliat
En las elecciones en Colombia venció Goliat. Contra la candidatura progresista de Iván Cepeda se agruparon la vieja y agresiva oligarquía colombiana, la intervención del presidente Donald Trump y la del sionismo israelí, que abiertamente tomaron partido por el neofascista Abelardo de la Espriella.
Ese concierto de poderes es lo que se ha impuesto y con un presidente títere, regirá los destinos de un país tan importante como Colombia.
Ya hemos visto algunos adelantos. Un presidente con pinta farandulera y estrafalaria, que dice tener tres patrias, aunque al jurar por la norteamericana, juró renunciar a todas las demás, incluyendo a Colombia. Que ha hecho ostentación de su militancia en el Partido Republicano, de haber votado por Donald Trump, y levanta la bandera del Estado de Israel a la misma altura y el mismo nivel que la de Colombia.
A pesar de todas las matanzas del sionismo y de la dignidad con que el presidente Petro se comportó frente a Israel y a Trump.
El poder de esas potencias intervencionistas volcó sus inmensos recursos a ejercer presión y, aunque por una precaria diferencia, se impuso. El destino del pueblo de ese hermano país nunca había estado en peores manos y el panorama político de Latinoamérica se torna más sombrío.
Si antes el presidente Joe Biden mandaba a Pompeo a llamar por teléfono para imponer la voluntad de Washington en países neocoloniales como el nuestro, ahora Trump lo hace directamente, se pronuncia él mismo en favor de determinado candidato y así ha ido colocando gobiernos reaccionarios en los diversos países, hasta convertir el continente en algo parecido a la época en que Suramérica casi toda se desangraba bajo el yugo de numerosas dictaduras militares.
La paz, la soberanía y los derechos democráticos y sociales que tanta sangre han costado, están en peligro. Ya el próximo presidente ha dicho que comprará material bélico a Israel para rearmar el aparato militar, que trasladará la sede de la Embajada a Jerusalén y amenaza con desterrar a sus opositores.
A todos ellos hay que decirles que esta lucha no ha terminado, que en la misma Colombia hay una poderosa fuerza popular y opositora en pie, que los latinoamericanos nunca se han rendido, vencieron las viejas potencias coloniales, en tiempos más cercanos vencieron tiranías como las de los Trujillo, Somoza, Batista, Videla y Pinochet, y que, frente a los abusos actuales de un moderno Goliat, tienen en sus manos la onda de David y una vez más, terminarán venciendo.