Futuro incierto
El encuentro concertado en la isla La Esperanza constituyó un concierto de voces y opiniones que todavía claman por un rumbo cierto en torno al futuro inmediato del río Ozama.
La realidad, muy dramática, es que está altamente contaminado y todo lo que se encuentra en su cauce es un arma de doble vía, para el propio río y para la vida que depende de él, incluidos los seres humanos que habitan en sus orillas.
Hubo voces que señalaron culpables de su contaminación. Los asentamientos humanos que viven en su entorno cargaron con una parte de la responsabilidad. Otros plantean que el principal daño no viene de la gente que vive en sus riberas, sino de las más de 100 empresas que vierten sus desechos directamente al río.
La realidad es que el futuro del río se debate entre el uso, principalmente, de los dominicanos. Forma parte de un asentamiento humano de varias décadas. La vocación turística es algo que atrae, pensando en los cruceros que vienen de otros países.
No faltó en el encuentro otro plan de los tantos que se conocen con el mismo fin. A este se le llamó Plan vivir frente al río, que tiene por finalidad mejorar las márgenes del Ozama para que la gente pueda convivir en sus orillas sin hacerle daño.
Este plan, sin un presupuesto sólido, claro, bien identificado, con voluntad de invertirlo en lo que plantean los discursos, tendrá un futuro incierto; igual que el río Ozama en el presente.
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