Fronteras invisibles dentro de nuestro propio suelo
En la República Dominicana, hablar de soberanía ya no puede limitarse a la vigilancia de la frontera terrestre o al control de puertos y aeropuertos. Hoy, uno de los principales desafíos para la seguridad nacional ocurre dentro de nuestro propio territorio: la ocupación ilegal de áreas por parte de migrantes en situación irregular, muchas veces sin regulación, sin supervisión estatal y sin consecuencias legales.
Estos espacios, donde la ley no se aplica y la autoridad se debilita, se convierten en lo que denomino fronteras invisibles. Son áreas donde surgen asentamientos informales, se distorsiona la planificación urbana y crecen las tensiones entre comunidades. En el fondo, representan una peligrosa pérdida de control territorial por parte del Estado.
Desde una perspectiva estratégica, esto no es un problema aislado: es una amenaza directa a la seguridad y a la gobernabilidad. Un país que no regula quién entra, cómo se establece y bajo qué normas vive la población en su territorio, está cediendo espacios clave a estructuras informales o criminales. Y cuando eso ocurre, no solo se pierde autoridad: se erosiona el Estado de derecho.
El pueblo dominicano ha sido solidario, pero la solidaridad no puede confundirse con permisividad. La migración debe gestionarse con humanidad, sí, pero también con firmeza y orden. Permitir que migrantes irregulares ocupen áreas sin regulación ni control legal, mientras se exige al ciudadano cumplir estrictamente la ley, genera frustración, resentimiento e injusticia.
La seguridad nacional no se limita a lo militar o policial. También es la capacidad del Estado de
proteger su territorio, su orden legal y su cohesión social. Por eso urge una política migratoria clara, con controles efectivos, procesos de regularización responsables y una respuesta firme ante la ocupación irregular del espacio.
Defender la soberanía no es cerrar puertas, es establecer límites. Es cuidar lo que somos y proyectar con orden lo que queremos ser como nación. Si no actuamos ahora, esas fronteras invisibles seguirán expandiéndose hasta que perdamos más que el control del territorio: perderemos también la confianza y la paz.
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