Fraude avisado sí aplasta soldados

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La mesa estaba servida y el hambre era un murmullo que inundaba los confines de la República.

Desde temprano todas las campanas replicaban la muerte. Los libros estaban a medio escribir y los cuchillos recién afilados.

Primero fueron las corbatas, después la Constitución, pasaron las Altas Cortes y llegó la Junta.

Sí, todos sabían que se conducían por el camino del matadero, pero el coraje no abunda en eso corazones.

Después de gastarse los 40 mil y un chin, más todos los déficit habidos y por haber, más lo sobornos de la Barrick, más los dividendos de la Cervecería, más el 5% de lo que dejó el Metro, más la mitad de lo que se ahorró Euclides de luz, más una chilata de lo que se perdió con la Sund Land, menos la colección de sombreros y zapatos de la Reina Isabel, más quizás algo de lo que dejó la Ciudad de la Salud, Bellas Artes, el Corredor Duarte, las obras de las UASD o los transparentes y bien habidos contratos de Martelly, como si no bastara eso, después comenzaron a llover las encuestas como un palo de agua.

Un día llegaron a caer hasta cinco de ellas juntas; sus torpes contendores quisieron entonces comprar las propias.

Las encuestas, que alguien efectivamente pagaría, reflejaban el plan. Era la mejor cubierta.

Cuando nadie comenzó a creer en ellas, entonces comenzó a llegar desde el averno o quizás más bien desde una letrina, un enjambre de videos. Verdades editadas por la mentira. De los directores del “despojo de Peña” en el ’94 se produjeron calienticos cinco o seis nuevos estrenos.

Pero todo eso era para distraer. Franklin Frías y Roberto Rosario, junto a otros cuyos nombres aparecerán después ejecutarían el guion del Sainete, que incluía además hacer callar todos los medios y todos los periodistas.

Los que quedaban sin callar o sin comprar servirían para ejecutar la última parte del plan: el miedo.

El miedo comenzaría con las conspiraciones, cada semana surgía una nueva conspiración. Tumbarían a Martelly, matarían a Miguel Vargas, matarían a Nuria Piera y Miguel Guerrero armaría con Juan Bolívar una columna de periodistas guerrilleros para asaltar el Palacio Nacional.

Después el miedo fueron bolas de humo como el “Blackout” o el toque de queda. Y finalmente las acciones como los apresamientos, los tiroteos y los allanamientos, bolas de humo que se dejaban correr para que el miedo y la tensión inundaran el país.

Filas enteras quedaron vacías, mesas en las que la gente no fue a votar de tarde, el miedo era entonces una parte importante del plan.

Y ese día, dentro y fuera del entorno del candidato contrario había personajes de la obra. Había que simplemente ponerlos a actuar.

Días antes muchos sabíamos lo que venía, la oposición subestimó las fuerzas del Gobierno.

Al plan “pro-fraude” implementaron una unidad anti-fraude, no pudo haber mayor torpeza. Como no creían en el centro de Cómputos de la JCE, instalaron un supuestamente moderno centro de cómputos propio. Habrá que ver si funcionará.

Como sabían que sus delegados se podían vender (modalidad fraude 2010) ejecutaron un plan para tener un monitoreo cercano a sus delegados y acuerdos con otros partidos para intercambio de actas.

Como sabían que la compra de cédulas era un peligro significativo, entonces amenazaron intempestivamente con “reventar” a quien lo hiciera, y en efecto desmontaron algunos pocos centros de compra de cédulas pero ya era muy tarde. Barrios enteros fueron neutralizados días antes. La inhibición económica del voto funcionaría.

Nada podían hacer con los electrodomésticos, las inauguraciones o los guardias en campaña. Tampoco podían hacer nada con el centro de cómputos oficial; la Junta estaba de otro lado. Aun no se sabe porque impidieron la entrada de delegados al Centro de Cómputos y tampoco que pasó con la transmisión de datos.

Olvidaron pronto que pocos meses antes la Junta Central Electoral había sacado de la boleta al PRI y al PNVC, ambas franquicias electorales de mala muerte solo porque se inclinarían a apoyar al PRD esta vez. Cuando apoyaron al PLD fueron bienvenidas y protegidas por la JCE. Ese era el presagio.

Olvidaron o nunca pensaron que un plan Pro-fraude y un Plan Anti fraude, ambos funcionan con dinero, y su contendor tenía mucho más.

Nadie les haría “coca”. Cantaron como gallos y pusieron como gallinas.

Olvidaron que la sabiduría popular nos enseña que no podemos “jugar con el ampáyer en contra”

Simplemente se repetiría la historia que venimos arrastrando desde el 66, pasando por el 78 y llegando hasta el 90 y el 94. No fue sencillamente nada nuevo.

La incapacidad, la falta de dirección política, la falta de organización, la falta de coraje, la inconsecuencia con las bases, la soledad del candidato, el triunfalismo, la recurrente división interna (el quítate pa’ ponerme yo) y sobretodo la mediocridad fue la mejor aliada del plan.

Las masas perredeistas, los mandos medios y hasta los dirigentes sin compromiso con la corrupción están obligados a buscar un nuevo instrumento político que permita democratizar la sociedad y ser un referente para las luchas que vendrán.

Cierto que la tradición perredeista pesa y pasa de generación en generación, pero es hora de pasar adelante y pasar la página.

Porque después de todo, solo la imbecilidad puede hacer que los refranes se equivoquen.

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El Día

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