Francia debe encabezar plan ruptura del euro

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Francia desempeñó un papel decisivo en la definición, no sólo del sistema del euro, sino de todo el proyecto europeo.

Este antecedente predispuso a los líderes franceses a cumplir con el objetivo de preservar el euro a cualquier costo.

Esos costos se han vuelto muy insoportables. Es necesaria una nueva estrategia y el papel de Francia en su definición vuelve a ser decisivo.

Francia se halla en la delgada línea que separa los países con déficit de los países con superávit dentro del sistema del euro. Implementa una seguridad social costosa con servicios públicos de alta calidad, al que se suele hacer referencia como el modelo francés, fundado en un consenso nacional profundo y muy apreciado.

A diferencia de los países escandinavos que tienen una preferencia similar por la seguridad social cara, el modelo francés se financia, empero, no con impuestos altos sobre los ingresos y el gasto, sino mediante impuestos punitivos sobre el empleo (especialmente a través de las cargas sociales para los empleadores) y el capital, y por medio de un fuerte endeudamiento público. La deuda pública creció desde un 64 por ciento del producto interno bruto en 2007 hasta un 90 por ciento en 2012.

Este énfasis en gravar el empleo ha sido la vía de menor resistencia política. Mantiene la ilusión de un Estado benefactor financiado por el sector empresarial, no por los ciudadanos. La idea de que gravar a las empresas constituye una forma indolora de financiar la seguridad social y los servicios públicos, ha dado como resultado crónicamente un desempleo alto, que erosiona la competitividad, un crecimiento flojo y niveles de vida en el mejor de los casos estancados.

La región de Ile-de-France tiene el costo laboral promedio más alto de Europa. El problema se ve agravado por una regulación excesiva -del trabajo y de los mercados de bienes y servicios. El transporte, los servicios profesionales y los comerciantes minoristas están más severamente controlados en Francia que en la mayoría de los otros países ricos. El resultado son precios más altos y costos más altos.

Esta carga ahoga el espíritu empresarial. El ataque fiscal del presidente François Hollande a los ingresos altos, los dividendos, los aumentos de capital y el patrimonio no ayudan.

La confianza empresarial está disminuyendo rápidamente. En el último decenio, la participación de Francia en los mercados de exportación se redujo. El país tiene un déficit de cuenta corriente.

Para Francia y para el sistema del euro en su conjunto, la mejor estrategia es desmantelar la unión monetaria desde arriba -mediante la salida de Alemania y los otros países más competitivos. La apreciación de la nueva moneda alemana mejoraría las balanzas comerciales de los países con déficit. En algunos casos, harían falta de todos modos quitas de deuda, pero la magnitud de la reducción y el costo para los acreedores sería menor dado que el desmantelamiento monetario haría aumentar el crecimiento en los países con déficit.

Los países con superávit deberían recapitalizar sus bancos después de las pérdidas derivadas de cualquier reducción de deuda, de manera que salir del sistema no signifique abandonar a los países en crisis. La diferencia es que, después de las salidas, su asistencia ayudaría a encauzar a los países deficitarios en un camino de recuperación, mientras que los rescates actuales sólo llevan a un callejón sin salida.

Como padre fundador de Europa, sólo Francia está en posición de defender una estrategia de desmantelamiento del sistema del euro.

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