FMI: ¡lo mismo otra vez!
En el discurso reciente del Presidente de la República, en los días previos a las vistosas exhibiciones aéreas del mes pasado, se nos advirtió que todos teníamos que detener el dispendio y procurar un ahorro de combustibles, ya que los escenarios internacionales donde el barril de petróleo excede los US$ 100, hacían insostenible la posición fiscal del Estado, amén de las repercusiones negativas que todo ello tiene sobre cada ciudadano.
Y el causante mayor de este triste augurio es el llamado hoyo negro del sector eléctrico, que lejos de mejorarse se agrava sin signos reales de mejoría, quedándose en lo cosmético sin ejecutar los verdaderos cambios requeridos en ese sector. Ahora se nos dice de un aumento de tarifas, sí; renegociar contratos onerosos, no.
Por ello el ministro de Economía advierte que habrán de buscarse unos US$350 millones adicionales, cuya mayor parte irá destinada a los generadores eléctricos, los beneficiarios del endeudamiento y del acuerdo Stand By con el Fondo Monetario Internacional.
Pero sucede que para prestarnos esos millones y que además podamos emitir nuevos bonos soberanos con los cuales sostener la finalización de obras públicas en ejecución, como la línea 2 del Metro, el corredor Duarte o la autopista del Coral, el país necesita una evaluación favorable en la revisión que el FMI efectúa trimestralmente de la economía dominicana. Con estas revisiones se aseguran que estamos cumpliendo las metas trazadas en nuestra Carta de Intención.
Entonces, debido al sostenido déficit fiscal, el FMI exige que se cierre la brecha fiscal y que no mostremos vocación de volver a ampliarla mientras el acuerdo esté vigente. Ello explica por qué se suprimen exoneraciones, aunque a la vez se les conceden nuevos privilegios a transportistas.
El por qué hay que aumentar las recaudaciones sin crearse nuevos impuestos; el por qué se sube la tasa de interés base para enfriar la economía; por qué se ordena una apreciable reducción en los gastos públicos. El Presupuesto tiene que cuadrarse para que podamos seguir el ritmo actual de inversiones de los últimos años.
Sostenemos que el FMI nos trae más de lo mismo. Menos gastos, más recaudaciones, endeudamientos más estructurados y menos dispendio.
La ortodoxia económica, la cual fue inducida por aquellas medidas anti-cíclicas, parece que se nos había olvidado iban a tener que volver. Poco duró la fiesta.