Finlandia
Finlandia, país excepcional que junto a Noruega y Suecia ocupan la península escandinava, exhibe una igualdad de género y de clases envidiable, disfrutando de uno de los regímenes sociales más avanzados.
En viaje reciente por esos lares, me plantee la pregunta de cómo ha sido posible esta transformación tras la gran guerra mundial, de una sociedad que hasta 60 años se caracterizaba por su ruralidad, basada en la abundancia de recursos hídricos y forestales.
La clave la encontré rápidamente en su sistema educativo, donde uno de sus pilares más exitosos han sido los maestros, profesionales cuya mayoría no tan solo cuentan con licenciaturas, sino también maestrías.
Hace ya varias décadas que esa nación nórdica se puso como meta tener los mejores maestros, para tener los mejores alumnos, que serían capaces de forjar una mejor nación.
Un sistema escolar donde el maestro es altamente valorizado, bien compensado, y al que se le exige dedicación permanente, obligándose a la competitividad del conocimiento y destrezas de enseñanza como medio de optar por posiciones y merecer mejores retribuciones económicas.
Donde además, la cobertura del maestro (incluyendo temporales, sustitutos o remplazos, y los fijos), llega a menos de 25 alumnos por maestro en todo el sistema.
Pero en adición, el sistema educativo para el alumno también está basado en la meritocracia, o sea, todo finlandés tiene derecho a escolaridad gratuita hasta terminar el noveno curso.
De ahí adelante, el seguir estudiando para secundaria y la universidad, o ir a una escuela vocacional, depende también del esfuerzo del alumno.
Existe un sistema gratuito de secundaria y universitario, ambas de primerísima calidad, pero para aquellos que muestren con esfuerzo y talento que la merecen y puedan aprovechar.
Educación gratis, para el que se lo gane con méritos académicos, en largas horas escolares, con maestros súper capacitados, bien remunerados y reconocidos: el secreto de la educación nórdica.
Dejémonos de tonterías y aprendamos de los que han exhibido voluntad y disposición de adelantar sus sociedades, no con estribillos de simpáticos reclamos, sino con acciones firmes, basadas en planes sostenibles y sostenidos, de mediano y largo plazo.
Si toda la clase mandante del país: económica, política y social no se convence de que así sea, seguramente hemos de quedarnos en este empobrecimiento social en el cual tantos se sienten en agrado.
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