Filosofía y pandemia

285
José Mármol

Conocí, porque no recuerdo si me detuve en ella cuando de universitario y sin orientación me sumergí en algunas obras de Husserl, una frase genial de ese filósofo de la fenomenología que reivindica Jorge Semprún en su hermoso libro “Vivir es resistir” (Tusquets, Barcelona, 2014).

Se trata de la expresión “heroísmo de la razón”, con la que Husserl, en su conferencia de 1935, en Viena, planteaba el renacer de Europa, en el incierto período de entre guerras, a partir del espíritu de la filosofía.

Semprún evidencia cómo este filósofo entendió ese particular momento de la historia de Occidente y cómo, contrario a la infeliz metáfora del búho que simboliza la llegada de la filosofía cuando ya atardece en los hechos, temió por adelantado la derrota de la democracia por el apogeo del totalitarismo.

Hoy día los países, de Oriente y Occidente, confrontan a un nuevo enemigo, la catastrófica pandemia del coronavirus (Covid-19) y los grandes pensadores no se ha hecho esperar para reflexionar sobre sus múltiples aristas científica, social, política, económica y humana.

Además, sobre la nostalgia y la incertidumbre que sobre nosotros provocan el confinamiento, el aislamiento, las noticias de colapsos de hospitales y la derrota de la vida. Una vez superemos la voracidad del virus, el futuro de la humanidad tendrá que replantearse. Ahora es cuando más necesitamos el heroísmo de la razón, la anteposición del raciocinio al pánico o al caos.

Para el pensador Byung-Chul Han (El País, 22 de marzo), Europa ha fracasado en el manejo de la crisis sanitaria, mientras que países asiáticos como China, Singapur, Corea del Sur, Hong Kong y Taiwán, usando mascarillas y manejando sistemas de datos (macro datos), además de una mayor disciplina social, aunque de corte autoritario, han tenido menores casos de contagios y de muertes.

Exalta la vigilancia digital de esos países sobre sus individuos, lo que facilita su localización y su control.

Lo extraño es que este filósofo cultural entienda que es más ventajoso ser prisioneros del panóptico digital toda la vida, que confinar o aislar personas y países por una cuarentena.

La “evaluación exhaustiva” de los ciudadanos es lo que él mismo había denunciado como dictadura digital. Prefiere el big data al cierre de fronteras y el confinamiento.

Slavoj Zizek (Cultura Inquieta, 18 de marzo) entiende que el coronavirus ha asestado un golpe definitivo al capitalismo y brinda la oportunidad de que la humanidad invente una nueva sociedad, con nuevos valores y una percepción más propia de la vida comunitaria contra la tiranía del mercado.

La filósofa Adela Cortina (La Vanguardia, 25 de marzo) aduce que esta pandemia nos coloca, luego de no haber aprendido nada de la crisis de 2007-2008, ante el reto de definir el nuevo futuro de la humanidad y la disyuntiva estriba entre la disgregación o la unidad centrada en fundamentos éticos.

Por su parte, Yuval Harari (El País, 22 de marzo) establece que la única forma de contener el desastre sanitario es mediante un plan mundial de cooperación a gran escala, que permita compartir información y reorientar la producción, el consumo y los sistemas de salud.

Para el filósofo italiano Nuccio Ordine (El País, 25 de marzo), esta pandemia revela cómo el neoliberalismo dejó al descuido la dignidad humana. Apuesta al valor de la literatura, porque enseña sobre el pasado y se vuelve profética.

Asimismo, el filósofo dominicano Andrés Merejo (Acento, 24 y 31 de marzo), experto en cibercultura y humanismo digital, a propósito de su visión transida de la sociedad actual, explica que con la Covid-19, el cibermundo cobra importancia y se revalora mediante la preponderancia de la comunicación digital.
Pensar es vivir.

-- publicidad --