Filosofar desde la política sobre la RD a que aspiramos

La sociedad dominicana vive un proceso preocupante, partiendo de la situación de incertidumbre que se observa en el panorama político y electoral con miras a las elecciones municipales, congresuales y presidenciales previstas para el año 2020.

Observando a los partidos y a los líderes políticos enfrentados entre sí y hasta promoviendo ataques a los árbitros de los venideros comicios, el panorama se torna lúgubre e incierto. Parecería que nos remontamos a la Guerra de los Titanes de la mitología griega, en la que el Cronos venció a su padre Urano, y el dios Zeus al primero, a pesar de que era su progenitor, a fin de quedarse reinando en el Olimpo.

Ese panorama no resulta conveniente para la República Dominicana, dada la condición de que su economía depende mucho de factores externos, como el aporte al producto interno bruto (PIB) del turismo, las remesas y la inversión extranjera.

Este mundo hiperconectado, debido al desarrollo de las tecnologías, es testigo de cómo una enorme cantidad de ciudadanas y ciudadanos globales tienen a su alcance plataformas de comunicación para conocer rápidamente lo que pase en cualquier punto del planeta y, además, expresar libremente sus ideas.

Ningún país del mundo avanza consistentemente hacia el desarrollo si no muestra plena conciencia sobre sus objetivos estratégicos, lo cuales siempre habrán de estar por encima de los particulares.

Este nivel de conciencia social está, sin lugar a duda, ausente en la clase política dominicana.

El liderado procura siempre imponer sus ideas a la fuerza, sin ponderar el interés colectivo, en actitudes propias de sociedades antidemocráticas.

Sería conveniente que recordase el planteamiento que en una ocasión hizo el filósofo chino Lao Tsé: “El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso”.

Y a propósito de filosofía, tampoco estaría mal en que se filosofase acerca de los grandes desafíos de la República Dominicana, debido a que esta disciplina, de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) anima a los pueblos del mundo a compartir su herencia filosófica y a que abran sus mentes a nuevas ideas.

La filosofía nos enseña a reflexionar sobre la reflexión misma, a cuestionar continuamente verdades ya establecidas, a verificar hipótesis y a encontrar conclusiones.

Ciertamente que, comenzando con la clase política, los dominicanos debemos hacer un alto y no continuar el camino de las constantes refriegas en el mundo mitológico de los dioses griegos, sino crear las condiciones necesarias para que florezcan los principios y valores de los que depende la paz social, la democracia, los derechos humanos, la justicia y la igualdad.

Además, a consolidar los auténticos fundamentos de la coexistencia pacífica y la tolerancia. En la República Dominicana tenemos desafíos que son inaplazables, entre ellos el narcotráfico y el crimen organizado transnacional.

Estas lacras representan graves cuestiones para la colectividad nacional, y enfrentarlas con firmeza es un compromiso de todos.

El trabajo coordinado y en conjunto es de vital importancia para dar respuestas adecuadas en aquellos temas que, por su propia naturaleza, traspasan nuestras fronteras.

Seguimos con otros ejemplos, con la reducción de la pobreza y la desigualdad, la trata de personas, la inseguridad ciudadana y la violencia contra las mujeres.

Insisto en que estaría mal que el liderazgo político filosofara sobre los principales problemas nacionales, vislumbrando cómo afrontarlos exitosamente. Durante siglos, en todas las culturas, la filosofía ha dado a luz conceptos, ideas y análisis que han sentado las bases del pensamiento crítico, independiente y creativo.

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