Filantropía y politiquería

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José Báez Guerrero

Los habituales cacoerrolas, acicateados por el ocio de la cuarentena, copan las redes sociales exigiendo que ricos y empresarios realicen donaciones para enfrentar la plaga del coronavirus.

Pero si se publican los aportes que están haciendo, esa misma gleba añépida despotrica entonces exigiendo que no digan nada porque anunciar su caridad es indigno o perverso, meras relaciones públicas. ¿Quién los entiende? Muchos enragés y resentidos deben estar pasándola bien mal, porque situaciones de crisis como la presente separan como la paja del trigo a quienes sólo gallaretean, de los ciudadanos responsables que actúan, aportan, contribuyen y enorgullecen a sus compatriotas.

El sector empresarial privado igual que los pobres está muy afectado, pues nadie quiere cerrar negocios, seguir pagando nóminas sin producir nada o peor aún cesar o liquidar a empleados y colaboradores.

Muchos políticos necesitan una ducha fría para mejorar sus ideas, porque ¿habrase visto mayor disparate que Abinader proponiendo cruceros para aislar a infectados, al tiempo que no aplica en sus propios negocios privados la filantropía que exige a otros?

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